El poder ciudadano, ¿para qué?

ElMundo.com
 
Con el paso de los días se acrecienta la certeza de que Colombia es un país en marcha. Marchan los médicos, marchan los estudiantes, marchan los mineros, los campesinos, los trabajadores, dejando en el camino la sensación de que el país que nos están construyendo a “pupitrazo ventiao” y de espaldas a la opinión de la calle, no es del agrado de las mayorías que ya no son tan silenciosas. En honor a la verdad, este es un comportamiento que llama la atención porque tradicionalmente los colombianos somos débiles para protestar en defensa de los derechos y libertades.

¿Qué está pasando? Puede ser que el vaso se llena porque el Estado y sus usufructuarios abusan de la resignación de la gente o, también, que los ciudadanos se cansan del juego milenario de “hablar y no contestar” con el que el establecimiento entretiene el paso de los días.
 
En el mundo entro la gente defiende lo que considera justo y bueno para la sociedad en general. En su momento protestaron los indignados de Portugal, España, Grecia y Wall Street; protestaron los ciudadanos del norte de África para ofrecerle al mundo el espectáculo democrático –hoy frustrado- de la “primavera árabe”; protestaron en Turquía por la reforma de un parque y, de paso, contra la represión del gobierno de Erdogan; protestan en Brasil por el aumento del precio del transporte público y, como ñapa por la pobreza que esconden las cifras oficiales que hablan del milagro brasileño. En todos los países, cuando hay motivos, la gente protesta para defender lo que se considera justo y bueno. Menos en Colombia. Hasta ahora.
 
Nunca en la historia de la humanidad, como ahora, los ciudadanos tenemos la oportunidad de hacernos sentir. Internet, las redes sociales y los dispositivos móviles constituyen una inmensa tribuna para hacer conocer la opinión pública. Pero el poder ciudadano no se utiliza. Se prefiere asistir a la realidad desde las redes sociales, como quien se asoma por una ventana, sin mojarse ni mancharse. ¿Para qué tanto poder si no se usa para defender los derechos, las libertades, la justicia, la transparencia y el medio ambiente?
 
Claro que no siempre las protestas arrojan los resultados esperados. La situación de Islandia es un reflejo de lo variable –o caprichosa o indefinible o impredecible- que es la opinión pública: El centro-derecha, que gobernaba el país cuando se produjo la grave crisis económica que llevó el país a la quiebra, regresó al poder ahora que la economía está saneada. Los socialdemócratas y verdes, que enderezaron las cosas, pagaron caro los esfuerzos realizados. En las urnas les cobraron la tarea cumplida. Es decir, quienes crearon la crisis vienen a disfrutar de los gozosos; los socialdemócratas y verdes son castigados en las urnas y pasan a la oposición. Eso quizás demuestra que la opinión pública no tiene ideología y que el único mensaje que cuenta es el del bolsillo, sin pensar en el futuro ni en el pasado.
 
En Colombia no funciona el sistema de la seguridad social, no se cumple el régimen de pensiones, el Congreso está a punto de invalidar la acción de tutela, las compañías mineras destruyen el ecosistema, se consolidan los beneficios de la clase política y el lento accionar de la justicia premia a los delincuentes y la mayoría de la gente sigue impasible, como si los problemas se acabaran por si mismos en vez de crecer por inercia.
 
En el Valle de Aburrá el sistema Metroplús quiere tumbar árboles para regar cemento, se destruye el Túnel verde de la avenida El Poblado – Envigado y solo un puñado de quijotes tiene el valor de salir a la calle a protestar y a recoger firmas con las cuales se espera que el sistema judicial opere. Y mientras tanto, los ciudadanos, siguen empeñados en callar, escudando su indiferencia en el silencio.

¿Cuál es el papel de los jóvenes?

La situación de los jóvenes es casi la misma en todo el mundo: desempleo, pocas oportunidades de estudio, un presente caótico y un futuro incierto. En muchos casos se enfrentan a la arbitrariedad de las autoridades y están perplejos por la corrupción que desangra a los Estados, pero poco protestan por ello.
 
En el mundo árabe las protestas las iniciaron los jóvenes, sin mucha organización y sin conciencia del entorno, pero las capitalizaron otros intereses: partidos de oposición, Estados vecinos, potencias mundiales… 
 
Quizás saben los jóvenes que las protestas y las manifestaciones públicas, además de represión, a veces brutal y despiadada, traen pocos cambios, porque finalmente las decisiones siguen en manos de los mismos, o sea de quienes detentan el poder no para buscar mejores condiciones de vida para la sociedad sino para detener su capacidad de transformación. 
 
Los jóvenes votan, aunque no en el número esperado. De esta manera participan en la escogencia de sus gobernantes, pero renuncian al control político, extendiendo en cada jornada electoral cheques en blanco que no siempre tienen un buen destino.

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