Las increíbles travesuras del doctor Rodolfo Llinás 2


¿Cómo se estudia el cerebro?
El estudio de la neurociencia es experimental y es teórica. Se divide en dos partes: una es la fisiología, que es cómo funciona. Y la otra es la anatomía, que es cómo está hecho. Yo había aprendido anatomía muy bien; la otra situación que me interesó, muy desde el principio, es qué tan raros somos los humanos. Lo primero que hice fue fisiología comparada, es decir, un gato qué tan diferente es de nosotros, y un ave qué tan diferente, y un pez, y un pulpo… Y eso no estaba escrito. Esa vaina había que inventarla. La situación es: ¿cómo es el cerebro de una mosca comparado con el cerebro nuestro?, ¿cuáles son las instrucciones básicas?, ¿cómo prefiere moverse inteligentemente un animal? Por eso empecé haciendo electrofisiología en gatos. Y luego hice un libro de electrofisiología comparada. Yo llegué de Estados Unidos y yo sabía muchas cosas. Entonces era sumamente interesante porque yo le daba en la ‘jeta’ al que quisiera.
A sus 32 años, usted ya era jefe de un departamento médico en Minnesota. Era obvio que ya lo reconocían cono una eminencia. ¿O no?
Yo llegué y rápidamente me reconocieron. Allá dije: “nos vamos para el zoológico a buscar animales”. Entonces hicimos un trabajo de anatomía y fisiología comparada… Y yo tenía plata, y me querían muchísimo, y les dije: “sigan así y les traigo un elefante”. Entonces pude entender cómo funciona el sistema neurológico comparadamente.
En 1976 usted llegó a ser jefe del departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York. ¿Es cierto que sorprendió a todos con un cerebro?
Pues sí. Es que era la llegada de un joven colombiano a semejante cargo y quería hacerles entender por qué estábamos ahí. Así que en un carrito de ruedas puse un plato con un cerebro tapado con una tapa redonda. Todos los médicos me miraban. Cuando lo destapé, les dije: “Esto es lo que quiero ser, esto soy, esto somos y por esto estamos aquí”.
¿Cuál es el problema más complicado al que se ha enfrentado?
El sistema nervioso, absolutamente. Yo en los veranos trabajo en la sinapsis gigante del calamar…
¿Sinapsis gigante del calamar? Por favor, explíquese.
El calamar tiene un sistema nervioso que es diferente del nuestro anatómicamente, como circuito; pero que es muy similar al nuestro cuando se refiere a las células de las que está hecho. Entonces, una célula nerviosa se conecta con otra célula nerviosa y es lo que se llama una sinapsis, que es una unión química. El sistema nervioso funciona porque el potencial de acción estimula y pasa una señal que es todo o nada, como una clave morse, digamos; cuando llega al final, tiene que comunicarse con la próxima célula, y ese estímulo se convierte en una secreción química que es rapidísima. Yo la estudié, tengo el libro y esa vaina ya es clásica desde hace varios años. El tema es que se llama sinapsis gigante porque es suficientemente grande que se puede ver, se puede sacar, se pueden meter muchos electrodos. Ahí hice una cantidad de experimentos que nunca se habían hecho. La visión sináptica es clásica, está en todos los libros.
¿Y a qué se dedica en los inviernos?
En el invierno trabajo en ratones, ratas, peces, cocodrilos, gatos, simios y en hombres. Mejor dicho, a cualquier cosa que se mueva hay que echarle ojo. Creo que no ha habido animal para el que no haya trabajado. Incluidos los insectos. Pero va más allá, porque, por ejemplo, yo quería entender cómo funciona la actividad motora del cerebelo. Entonces empezamos a subir, fuimos a la espiral y subimos hasta la corteza. Entonces hay que ir a la geometría funcional y, por ende, hubo que hacer unos trabajos de matemáticas durísimos: una vaina que se llama geometría compleja de tensores. Entonces hicimos la teoría funcional tensorial del sistema nervioso, que todavía la están entendiendo. Eso siempre está demorado. En veinte años se podrá explicar.
¿Qué le queda por entender?
Hay una sola cosa que me queda por entender y esa es la naturaleza de la subjetividad. Es que eso es muy difícil, todavía. Más o menos sé por dónde es, pero faltan algunos puntos básicos.
Sobre el misterio del sentir…
No hay misterio. Solo algo desconocido. Yo sé qué hace la luz en el ojo y el sonido en el sistema auditivo, pero lo que no sé es qué pasa en las células para que sientan. ¿Cuál es la reacción que produce sentir? Las pruebas que he hecho son de una belleza increíble, porque todas las sensaciones son logarítmicas.
Usted ha dicho que está cerca…
Si, ya huelo la sangre.
¿Cómo programa sus días?
Yo trabajo de noche, por lo cual regreso a la casa a la una de la mañana, depende del experimento. Entonces llego a la universidad a las nueve de la mañana…
¿A qué horas se despierta?
A las seis. Leo y escribo. Después me voy para la universidad. Por la mañana hago un poco de administración y por la tarde y noche, experimentos.
¿Cómo lidia con la realidad?
A la realidad no hay que tenerle miedo. Si no se le tiene miedo, la realidad a uno lo quiere. Si uno le tiene miedo a la realidad, la realidad la hace pistola a uno.
¿Toca el chelo?
Tengo un chelo, pero no nos queremos. Me está esperando hace como 30 años.
Se sabe que usted es un amante de la música clásica y el jazz. ¿Tiene personalidad de coleccionista de música?
Me gusta mucho la música y tengo una colección brutal de música. CD, acetatos, de todo… Por ejemplo, yo tengo unas cosas brutales, como el disco que hizo Benny Goodman con Béla Bartók y Joseph Szigeti: el trío para clarinete, piano y violín. Szigeti tocó el violín, Bartók el piano y Goodman el clarinete. Pues Goodman me lo regaló y yo tengo el disco original de esa vaina. ¿Ah?
Las artes son fantásticas. ¿Cree en la fantasía?
Borges me parece fantástico, porque pensamos del mismo modo. Yo pienso que la vida es medio sueño. Entonces siempre se está soñando. Los colores, por ejemplo, no existen. A ver: Cervantes creó el Quijote, entonces, de pronto, el Quijote podría preguntarse ¿quién es Cervantes? Está es una situación que Borges crea muy bien.
¿Soñamos?
Yo solamente creo que el sistema nervioso lo que hace es soñar de dos modos: de noche, basados en las memorias y las invenciones; y de día, basados en los sentidos. Nosotros somos un estado en sueño modulado por los sentidos. Un estado onírico modulado por los sentidos.
¿Le debe gustar el cine de Fellini?
Fellini, Bergman, Truffaut, Almodóvar… El cine me parece fantástico.
¿En su casa de Massachussetts –que tiene en la entrada, pintado como una valla, un inmenso cuadro de su amigo Carlos Jacanamijoy– se encuentra el telescopio privado más grande de Estados Unidos?
Si. Lo hice yo. Tengo que encontrar un planeta nuevo para cada uno de mis nietos y uno para mi mujer.
¿Qué es la curiosidad?
Si es para aprender algo, es casi erotismo.
¿Usted se podría definir como un rebelde?
Me defino con lo más sencillo que hay que es decir la verdad.
¿Defina su trabajo?
Yo, en mi vida, nunca he trabajado honestamente. El trabajo honesto es el que uno hace, pero no quiere hacer. Lo demás es divertirse. Y yo me divierto mucho.
¿Acepta o ha aceptado algún tipo de espiritualidad?
No. Eso sería negar lo que es y explicar lo que no es.
Usted les ha dado duro a las religiones. ¿Qué opina de la religión católica?
Es la multinacional más poderosa y antigua del planeta, con más de 2.000 años. Es el terrateniente más grande del mundo y mueve algo así como 70 trillones de dólares.
¿Le preocupa la muerte?
La muerte la conozco desde chiquito: apagan la luz y ya. Nos morimos todas las noches. De la muerte no hay salida, así que no hay que preocuparse por lo que no tiene remedio. Y además yo voy a ser el único que no voy a saber que me morí. Los demás que se quedan, sí lo van a saber. Pobrecitos.
La pregunta obligada: ¿es verdad que reinventó el agua? ¿Es verdad que su “nueva” agua podría cambiar el curso de la medicina?
Sí. Sé exactamente cómo funciona y qué hace.
¿Cómo dio con ella?
Por instinto. Estaba en otra vaina y me encontré con la idea. Entonces dije: “esto hay que investigarlo”.
Y es tan asombrosa como parece.
Es brutal y de una sencillez aterradora. La situación es muy sencilla: esta agua funciona como agua, pero funciona como un acarreador de energía que no había aparecido en la tierra, porque no hay suficiente gravitación. Entonces, el agua, cuando cae, tiene una cierta velocidad y no puede ir más rápido. Cuando choca, se forman burbujas, pero las burbujas no pueden ser más pequeñas que la cantidad de energía que tienen. Entonces lo que se ha hecho con esto es que se han hecho burbujas muchísimo más pequeñas, poniéndole una enorme cantidad de energía al agua. Es casi que un motor de propulsión a chorro. Entonces esta agua tiene oxígeno adentro y tiene propiedades que la biología no conocía, porque son burbujas que nunca había visto. Se meten por las membranas. Tienen unas propiedades físicas increíbles.
¿Es el agua de la vida?
Si no nos dejan respirar, nos morimos en tres o cuatro minutos, porque el ATP (adenosín trifosfato) se terminó. Entonces lo que hace esta agua es optimizar el ATP. Y resulta que la mayoría de las enfermedades son por falta de ATP. Es agua que optimiza.
¿Cuándo se da el anuncio oficial?
Ya terminé el papel (texto de investigación) y ahora mismo lo voy a mandar a publicar. Y una vez que lo acepten, le cuento el cuento a todo el mundo. La verdad es que todo el mundo está a la expectativa.
¿Cuál es el proceso de aceptación?
Pasar por todo el proceso científico. Un asunto de tres meses.
¿Patentó la idea?
No. Yo no le jalo a eso. Eso es de la compañía Revalesio.
¿Le van a hacer pruebas definitivas?
Sí. Se va a hacer un estudio clínico con Tecnoquímicas, en cinco ciudades de Colombia, con personas con derrames cerebrales. Ahí se va a demostrar todo.
¿Y usted está tomando “nano-agua”?
Claro. Yo tomo esa vaina sin problemas desde hace un año. Y mi señora más que yo.
¿Y ha visto resultados en sí mismo?
No, no. Es que no da resultados si uno no está mal. Es que esto es optimización. Y si usted está muy cerca a estar óptimo, entonces no hace nada. Pero en cuanto a optimización, las cosas que hemos visto son increíbles. Y van a cambiar ideas muy básicas sobre la medicina y muy básicas sobre biología. Ahora hay que demostrarlo.
¿Sería su obra mayor?
Si funciona, sí, definitivamente. Y sé que funciona. Un señor importantísimo, que es el dueño de la escuela de medicina, me dijo hace poco: “Doctor, es que tenemos un problema con esta agua. Y necesito que usted, que es nuestro científico número uno, me ayude a ver si esto funciona o no”. Entonces yo le dije a mi señora: “vaya y cómpreme dos peces dorados y me los trae en una bolsa”. Les voy a demostrar que esto sí sirve. Y lo hice con un experimento de una simplicidad y de una claridad que no hay nada que hacer. ¿Quieren ver la prueba contundente?
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MAURICIO SILVA GUZMÁN Y FERNANDO GÓMEZ ECHEVERRI
REVISTA BOCAS

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