Y ANTE EL TERROR ¿QUÉ NOS QUEDA?

Por: San Andres de Cuerquia - Vision 2020

Hoy, cuando una vez más la noche se ha tornado intranquila tras el estallido de otro artefacto explosivo en el Municipio, la pregunta que la mayoría nos hacemos es ¿Por qué?

¿Por qué se nos está volviendo cotidiano vivir expresiones de violencia del tipo del terrorismo que lo único que hacen es crear zozobra entre la población?

¿Por qué aquí, en San Andrés?, donde solo queremos estar en paz, donde todos luchamos día a día por salvar las dificultades de vivir sin muchas oportunidades, pero con muchos sueños.

¿Por qué nos amenazan, por qué se proponen destruir la tranquilidad que es lo que teníamos y es lo que más anhelamos cuando estamos lejos?

¿Por qué? ¿Por qué?... Podríamos seguir formulando preguntas pero entonces ¿De quién podríamos esperar una respuesta? Tal vez ya íbamos olvidando que vivimos en Colombia, que por estas tierras también pasearon los carros de muerte cargados de paramilitares que asesinaron a muchos Sanandresanos, como hicieron también con miles de Colombianos que masacraron, que descuartizaron, que desaparecieron y cuyas familias siguen hoy, todavía, preguntándose ¿Por qué? pero las respuestas no llegan.

Y tal vez, aunque alguien se atreviera a decirnos las razones que tienen aquellos que planean y ejecutan este tipo de actos, las mismas no serían suficientes, y no lo son, porque ninguna posición ideológica, política o de cualquier orden, puede justificarse a través de la violencia. Somos humanos, vulnerables, con corazones que siempre están aferrados a los afectos de aquellas personas que representan algo importante en nuestras vidas. La violencia, el terrorismo, echa mano de ese temor, el temor de perder lo que tenemos, lo que amamos, para arrodillarnos e imponernos algo que de otra forma, que a través del diálogo, del entendimiento mutuo no ha sido posible.

Ahora, la paz se nos pinta como la opción de firmar un documento entre el Estado Colombiano y la guerrilla más vieja del mundo. Ojalá conseguir la paz fuera algo así de sencillo, pero basta pensar en qué pasó con los paramilitares que desmovilizaron en el gobierno de Uribe, preguntarse de donde salieron esos combatientes que ahora engrosan las filas de las llamadas Bandas Criminales - BACRIM - para que nos demos cuenta que la paz no consiste en firmar un documento, en desmovilizarse o entregar las armas. La paz, es una construcción colectiva, una construcción de país, de comunidad. La paz inicia en cada uno de nosotros, en la familia, en el establecimiento de un Estado con instituciones fuertes, eficientes, que promuevan la movilidad social, el acceso a educación de calidad, a salud en condiciones de equidad, a participación y expresión de ideas sin ser coartado o asesinado. La paz, necesita que nos encontremos ante todo y sobre todo, como seres humanos, que reconozcamos que todos tenemos los mismos derechos, que no se discrimine por raza, por el sexo o por la religión, así como dice nuestra Constitución Política, aunque como muchas otras cosas en Colombia, lo que dice la Constitución sea eso que queremos ser, pero que no nos atrevemos a ser.

Las razones del porqué nos están aterrorizando con bombas y disparos, seguramente nadie nos la responderá. La respuesta tal vez esté en nosotros mismos, en no claudicar, en seguir dando lo mejor de cada uno para que este Municipio, al que queremos tanto, viva en tranquilidad. Ante el terror, nos queda la libertad de expresar, de sentir, de gritar que no queremos violencia, que no queremos dolor. Que tal vez nos faltan muchas cosas, pero que dentro de todo, ahora mismo lo que más nos hace falta, es la tranquilidad que perdimos.


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