Sobre el Agua H2O

Por JOSÉ GUILLERMO ÁNGEL | Publicado el 29 de marzo de 2014
ElColombiano.com

Estación Tres Onzas, en la que las caras están secas y con los ojos muy hundidos y asustados porque allí miran la última botella de agua que queda sobre la superficie de la tierra. Y vale de poco pelear por ella, pues así alguien la tome y diga que es suya y si no dispara (o lanza una bomba), le durará solo un poco más para alargar la vida y al fin morirse entre los cuerpos de los que antes murieron de sed. Y ese último ser, que al fin ya tiene todo el poder, no tendrá ninguno. Está solo, sin árboles ni animales, en un paisaje tan desértico como la Luna, apretando una botella de plástico y queriendo gritar pero sin nadie que lo escuche ni lo quiera ni lo recuerde. El hombre o la mujer que posea la última botella de agua recordará con horror sus desprecios por quienes dijeron que se debía parar a tiempo, que la cuestión no era de crecer los índices de producción y rendimiento sino de cuidar las fuentes como la vida misma. Y pedirá un milagro, pero esos días se acabaron...

El agua es el origen de la vida y su sustento. No en vano antes de crearse el mundo, como dice el primer libro de la Biblia, el espíritu de D-s flotaba sobre las aguas, insinuando con esto que el agua existía desde siempre y de ella nacieron la tierra y los cielos. Y si a este argumento religioso se le opone uno ateo, entonces habrá que decir que las bacterias que componen la vida nacieron del agua y que las tesis de Tales de Mileto no estaban equivocadas, dado que lo que no contiene agua está muerto. Y lo muerto, no puede ser. De aquí que los judíos tengan una oración para agradecer el agua, que los cristianos bauticen con agua y que los islámicos hagan cantar el agua, puesto que en el agua está el contenido esencial de la vida, sea vegetal o animal, sea la del aire, la tierra o la de los ríos y los mares.

En este siglo XXI, que parecería ser una cría mala del anterior (que fue el más peligroso de la humanidad), la guerra por el agua podría ser un hecho. Pero ¿qué agua conquistarán los vencedores? ¿Las sucias y sin cauce de los países del tercer mundo? ¿Las contaminadas de los países industriales? ¿La que venden en botellas de plástico, que son una contradicción, pues si bien el agua está limpia, el empaque contamina? ¿O los que queden vivos de estas guerras serán tan pocos que con dos chorros sin contaminar podrán vivir hasta una segunda generación? Lo que sucede con el agua es terrible. Y más cuando el contenido que beben las personas es mucho menos que el nivel de agua que se utiliza para la minería, la explotación de hidrocarburos y la agropecuaria monstruosa, nacida de la química sin orden.

Acotación: todos los días bebemos agua, sea con café, con té, con leche, con azúcar o con químicos que publicitan mejores figuras y más ánimo. Hay agua en las frutas, en las legumbres, en la carne, en el aire y en el cuerpo. Y aún así hay gente que compra agua envasada con la creencia de que su salud es ayudar a secar las pocas fuentes que todavía resisten.

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