Colombia, la vida en medio de la violencia armada

Colombia, la vida en medio de la violencia armadaJordi Raich, presenta el informe "Colombia: Situación Humanitaria". /EFE
"El día al día de muchos colombianos continúa siendo una realidad de violencia armada, muerte, y amenazas, en las regiones, selvas, y barrios marginales". Con esta lapidaria frase, Jordi Raich, representante en Colombia del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) inició este viernes la presentación del informe anual de este organismo. Por esta razón, esta delegación no dudó nuevamente en pedir que las partes del conflicto exploren la posibilidad de adoptar acuerdos de carácter humanitario para aliviar la situación que viven las víctimas. También confirmó su disposición para contribuir en dichos pactos, si esa es la voluntad de las partes. Una realidad que hoy convive con la esperanza de que la guerra interna,  de medio siglo, llegue a su fin, tras un eventual acuerdo en La Habana (Cuba) entre el Gobierno y las Farc.

Durante el 2013, el CICR registró 617 casos de presuntas violaciones del derecho internacional humanitario y otras infracciones de parte de todos los actores armados, incluyendo la Fuerza Pública, en contra de la población en el marco del conflicto armado y otras situaciones de violencia. Homicidios, desapariciones, amenazas, ataques contra la misión médica, violencia sexual, entre otros. Los departamentos más afectados fueron Antioquia, Arauca, Caquetá, Chocó, Meta, Nariño, Norte de Santander, Putumayo y Valle.

Más allá de las cifras, que invisibilizan los rostros de esta guerra, existen miles de testimonios. "Llegué a la ciudad huyendo de la violencia en otra zona del sur del país. Mi esposo murió y yo me vine con tres niños pequeños. Vivo en un barrio con un historial muy triste, especialmente por lo que ha pasado últimamente. Tengo uno de mis hijos amenazado porque prefirió estudiar a meterse a uno de sus grupos que andan por ahí en el barrio. Me da miedo dejarlo salir. Hasta hace un tiempo él no podía asistir al colegio", dice una mujer en Medellín.

Ella retrata mejor una de las principales preocupaciones del CICR, que tienen que ver con las muertes y amenazas de quienes no participan en los enfrentamientos armados. En las zonas más golpeadas por la violencia armada, el CICR documentó 56 muertes y asistió a 609 personas amenazadas. Hechos que van en contra del derecho internacional humanitario (DIH). De estos registros, en 91 casos las víctimas fueron mujeres. Esto sin hablar de la silenciosa violencia sexual, que en muchas regiones ha sido un arma de guerra. Solo en 2013, el CICR atendió 142 casos de violencia sexual. Pero reconocen que la mayoría no son denunciados ni reportados, por miedo o por vergüenza.  

"Nos tocaba comer tacaco (puré) de yuca. Nos tocaba sentarnos a comerlo con agua de panela. A veces yo iba a ñas carnicerías a que me reglaran un huesito- Así fui levantando a mis hijos, con ropita reglada, comiendo lo que nos dieran. Ahí vamos", dice otra mujer en Putumayo. El desplazamiento es sin duda otra de las más difíciles situaciones en Colombia. Es así como en este informe el CICR vio con preocupación de más de 50 personas que les tocó dejar la vida que llevaban en Antioquia, Cauca, Chocó, Nariño y Norte de Santander. 

"Mi hija desapareció hace nueve años. Mi hijo, hace tres. Los dos me dejaron niños pequeños y estoy criándolos. Uno vive con la incógnita de qué pasó, si estarán vivos o muertos, con la idea de que en cualquier momento lleguen. A veces se cae la esperanza y a  veces crece con tantas cosas que uno escucha”, el relato esta vez es de una mujer en el Guaviare". 

De acuerdo con este organismo humanitario: 67.195 personas seguían desaparecidas.  El año pasado el CICR ayudó a encontrar el paradero de 128 personas desaparecidas, algunas vivas, otras muertas. Por eso destacó la importancia de este tema a la hora de pensar el posconflicto. "Son  cruciales acuerdos para que los actores armados intercambien información del paradero de estos desaparecidos", expresó Raich. 

Esto sin hablar de la contaminación por explosivos o como minas hechizas que en el país es altísima. "Cuando pisé el artefacto explosivo, me levanté y traté de caminar, porque no sentía dolor, dije: gracias Dios no me ocurrió nada, pero intenté dar un paso y fue cuando sentí que tenía el pie destruido", expresó un joven en el Caquetá. 

Quizás por este crítico y desalentador panorama humanitario, el CICR confía en una salida negociada al conflicto armado pero también son conscientes de que las bandas criminales son una nueva realidad de violencia que seguirá más allá de un acuerdo de paz con las Farc. Por eso, renovaron su compromiso con las víctimas y agradecieron que éstas ya sean tenidas en cuenta en el Registro Único de Víctimas  del Gobierno. 

*La foto de portada fue tomada del informe 
Elespectador.com

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