Apolítico


La praxis apolítica, entendida como un disenso o ruptura del pensamiento político clásico es una actitud que se adopta, de forma individual y unilateral, como una resolución derivada de abstracciones sobre la política o tras un proceso de crisis que se resuelve en un estadio que desembocaría en criterios de incredulidad y en una percepción final des-valorizada de la política en general.
La actitud apolítica reconoce implícitamente (igual que no se puede evitar que llueva) la imposibilidad de sustraerse prácticamente de las acciones o efectos derivados de las actividades políticas clásicas de terceros, procedan estas de individuos, grupos o entidades, e interactúa mediante la disidencia negando la utilidad personal de la participación sistémica en la política clásica. En las democracias, la utilidad personal esperada de toda política, se sustituye por una omisión de voto (abstención).
El apoliticismo no es una actitud asocial, ni es equivalente a una des-afección puntual o transitoria hacia la política o a una actitud anti-política. Figuradamente y en su extremo, es una actitud análoga al ateísmo, contextualizado como este, se significaría en un «ateísmo político» (a-política).
Conceptualismo político del apoliticismo
Una aproximación formal, jurídica, filosófica o ética hacia un sustrato de la actitud denominada apoliticismo seria considerar que los derechos políticos son humanos y que son naturales, individuales, personales (personalísimos) y en consecuencia teóricamente intransferibles a terceros (inalienables), bien sean estos, otros individuos, grupos o entidades.
Inferido de lo anterior, una conducta o actitud apolítica no se dirige a negar la razón de ser o existir de la política, si acaso y tras alguna abstracción, la consideraría como una forma inevitable de relación social (de otro modo seria pensamiento anti-político o asocial). En cualquier caso el apoliticismo (condición de apolítico) consideraría que la política es inherente a la condición humana.
El apoliticismo admite implícitamente que toda forma política sistémica tiene consecuencias sociales, (de otro modo no cabria racionalmente una actitud declarativa disidente) pero en una sociedad basada en la política clásica (por transferencia o cesión de usos de la soberanía personal) los derechos políticos personales no se ejercen de forma autónoma e intransferible o se recuperan a voluntad, estos se transfieren, delegan, diluyen, quedan diferidos o en casos extremos (dictaduras extremas) simplemente no se ejercen.
La actitud apolítica se opone por concepto a la política tradicional de transferencia total o parcial de derechos y poderes políticos no a la política per se pues en el pensamiento apolítico generalmente se admite que, de uno u otro modo, todos «somos homo-politicus» (Aristóteles decía animales políticos).

Apoliticismo disidente o reactivo
El apoliticismo se caracteriza (vagamente) porque en principio o por principio se opone «idealmente» y a partir de un momento dado meramente con una actitud disidente, pasiva o activa, (disidencia moral o intelectual) hacia «toda política clásica» que implique la transferencia o delegación de la acción política personal en mayor o menor grado.
En la casuística la actitud apolítica no es indiferente, indolente o neutral respecto a la política per se y menos aún a la política clásica. Esta última está históricamente caracterizada y consiste en la transferencia de derechos políticos «naturales y personales» a terceros quienes los han usado con diversos fines a lo largo de la historia.
En las democracias, la característica actitud de omitir el voto (que no es «votar en blanco»), o de aparente desinterés en la actividad política, retirada o ausencia permanente de militancias, de apoyos o de fuerte crítica moral o intelectual sugiere que mediante esta conducta el individuo manifiesta, subjetiva u objetivamente, que no desea transferir su soberanía política (derechos políticos ahora percibidos personalísimos) a terceros o a sistemas políticos establecidos (como en un intento, no de impedir, sino de poner coto o un veto a la política que le afecta).
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