Un cuento de final

Qué lindo que es ser del ´Rojo´

Nació porque su madre se exaltó tanto en 2012 que lo hizo llegar a la tierra un poquito más temprano. Un tanto en el último segundo, apuró su arribo que estaba presupuestado para unos meses antes de que alguien que quería mucho llegara al centenario.

Está próximo a cumplir dos años y ayer cuando la noche del sábado apenas daba paso a un día histórico, se embarcó con su madre y miles más a un compromiso ineludible.

Él todavía no tiene conciencia de muchas cosas, apenas comienza a descifrar un mundo que su progenitora promete será azul y rojo, pero de seguro entendió que eso que vio en vivo, difícilmente lo verá en otro lado.

Su mamá que la peleó tanto todos estos años y que tuvo semestres con pocas alegrías, siempre estuvo, está y estará guerreándola junto a él, al mismo que le compró con mucho esfuerzo una cuna en forma de estadio, que arriba cuando se acuesta, tiene un muñequito con una camiseta que reza: “Yo vengo por el xentimiento”.

No tienen plata, tienen amor y así se han ido yendo. Hace meses mamá escuchó una gran noticia, su otro motor volvía al pueblo, con una estrategia sin precedentes y que está nominada por los enamorados a la mejor de la historia, ella y su niño podían ir cada 15 días a pasar bueno en ese escenario que tantas alegrías dio.

No cesaban las buenas noticias, oyó cerca a la estación San Antonio en la primera mesa de un bar, a dos señores emocionados porque llegaban refuerzos de lujo el mediocampo sonaba atractivo y a la defensa llegaba más jerarquía, también, que muy seguramente de Brasil llegaba uno que pintaba bien.

El día que compró los abonos, recogió a su niño más temprano del jardín a donde lo tiene que llevar la gran parte del día mientras va a trabajar. Él, sonrió con la inocencia de un bebé pero seguramente con la certeza de que junto a su madre son como Marrugo y Cano y en la cancha, se entienden a la perfección.

Fueron a todos, no faltaron nunca. A mami la regañaron feo porque un sábado se voló, pero valió la pena porque fueron parte de los 30 puntos del que él llama “Meeellín” y ella le dice “Poderosito de mi alma”.

Con este cuento de los cuadrangulares, de lo que su ´má´ sabe que le sientan bien al amor, nuevamente recargaron esa tarjeta generadora de sentimientos, sellaron su boleto para algo que ni el más optimista imaginaba que iba a estar definido tan pronto.

Ella decidió que el niño se fuera siempre a estudiar con la casaca negra con dos rayas rojas, que esa servía y ayudaba a los triunfos. Lo confirmó cuando pasadas tres fechas ya el Independiente estaba con 9 de 9.

Él empieza a aprender que las cosas materiales nunca serán imborrables como las experiencias, las aventuras y los gestos de amor, si bien lloró al no volver a ver el televisor, seguramente más tarde entenderá que su madre lo hizo por su bien, para pagar esas sonrisas que vendrían después.

Temprano estaban ya listos, ella se puso linda, a él lo puso galante. Un bus grande los llevaría hasta una ciudad que nunca visitó. Pasaron tan bueno que llegaron a Medellín cansados pero con mil recuerdos para siempre.

Ella lo abrazó a él como Elton a Hernán Torres cuando hizo el 2-2 y lloró como ´Chusco´ que no aguantó las ganas de expresar que quiere esta institución y a todos los que trabajan en ella. El niño tarareó “El Matador” y la madre lo elevó para que viera mejor todo.

Llegaron a ´Medallo´, ella madrugó a trabajar feliz y él se fue a compartir un día entero con sus amiguitos. Seguramente hoy a la noche ella dejará de lado su cansancio y buscará de nuevo fondos para sacar el televisor para poder ver la final de visitante y le dará un beso a su retoño, que ya es testigo de dos finales, ojalá que esta la pueda coronar con la estrella.

Gracias Medellín, estamos en la final, te amamos.

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