¡Hospitales: focos de corrupción!

por Uriel Ortiz Soto (*)
Semana.com

De nada servirá la nueva reforma a la salud si el Gobierno no mete en cintura el sistema hospitalario, en el que a mil kilómetros a la redonda se percibe una descarada y criminal corrupción

Si se hace un recorrido por los hospitales de las principales ciudades del país, empezando por los de Bogotá, es tan azaroso el panorama, que la mejor medicina sería acudir a la eutanasia, con el fin de evitar tanta angustia y dolor, de tener que morir víctima de la indiferencia del Estado, que es tolerante con un sistema político y corrupto para la salud, que sólo se mueve a través de toneladas de mermelada.

No nos llamemos a engaños -con excepción de unos pocos-, cada hospital tiene un padrino político, al cual su director tiene que tributarle sumisión y obediencia, esta la razón para que la red hospitalaria se encuentre engranada y a la vez condicionada a un sistema político, sin importar las calidades profesionales de sus directores, que en la mayoría de los casos han tenido que pagar peaje para su nombramiento, y continuar contribuyendo económicamente a la causa política de su gamonal, que lo puso allí bajo condiciones por cierto muy onerosas.

¿No se dará cuenta el señor presidente de la República de que sus buenas intenciones con la firma de la nueva Ley no pasarán de ser un saludo a la bandera si el servicio de la red hospitalaria no se logra rescatar de la politiquería, la mermelada y la corrupción?

Una de las principales fallas de la salud de los usuarios de escasos recursos económicos está en los hospitales, puesto que cientos de ellos se encuentran en manos de don corrupto, que no escatima esfuerzos para que en vísperas de elecciones regionales, sus áulicos saquen el mayor provecho, lleguen a los cargos por elección popular y continúen desangrándolos a costa de la vida de humildes ciudadanos. 

Aunque es muy bien intencionada la nueva ley de reforma a la salud, para que todos estos propósitos se cumplan, se hace indispensable que el señor ministro intervenga en el manejo de cientos de hospitales, que se han convertido en verdaderos focos de corrupción, puesto que sus directores además de no reunir las calidades académicas para el desempeño del cargo, son nombrados al vaivén de componendas políticas con aportes económicos para sus nombramientos y por consiguiente se convierten en verdaderas bolsas de empleo manejadas por los politiqueros de turno. 

Sí casos tan humillantes se viven en la capital de la República, en las narices de las autoridades competentes para vigilarlos, qué podemos decir de los municipios alejados, donde miles de pacientes mueren implorando una cita médica, o muchas veces tienen que llevar la recomendación del politiquero de turno para poder ser atendidos.

Considero que estas prácticas de malos manejos deben ser elevadas a delito para que los traficantes de los servicios hospitalarios y de  salud paguen con cárcel y sean expulsados como verdaderas lacras sociales de las nóminas oficiales y se les prohíba contratar con el Estado.

Parece que en las prácticas corruptas de la salud hay mucha responsabilidad de algunos  gobernadores y alcaldes, que no tienen la precaución de estar supervigilando el servicio de sus jurisdicciones; se conocen casos de: gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles que tienen parcelado a su favor determinados servicios hospitalarios que luego deben ser revertidos en votos para las elecciones del mes octubre del 2015.

Hay departamentos donde el sistema hospitalario es todo un caos debido a las prácticas corruptas de sus dirigentes, el caso de Chocó es tan crítico, que en su mayor parte los hospitales se encuentran en crisis y desde hace varios años intervenidos por el Estado, es denigrante recibir informaciones desde Quibdó, donde el sistema de salud prácticamente está colapsado y el gobernador muy tranquilamente se pasea por la capital de la República dándose ínfulas de cargar en su valija de viajero el cadáver de la salud de sus gobernados, muy seguramente para ver cuál es el mejor postor para negociarla.

Los contratos con los hospitales para la compra de equipos, drogas y material de mantenimiento son otro capítulo que causa verdadera vergüenza:
por lo regular las convocatorias y licitaciones se convierten en compras directas, puesto que los proponentes son los mismos dueños entre sí de varias empresas, esto con el fin de estafar al Estado al entregarle productos e insumos de baja calidad, cuando es que no los entregan puesto que todo está arreglado con su mentor político y director del hospital.


Qué decir de las bolsas de empleos que se forman al interior de los hospitales, donde las nóminas paralelas están a la orden del día, a cada politiquero de turno se le asigna determinado número de empleos para que recomiende ante el director personas sin ninguna preparación para el desempeño del cargo, pero que gracias al engranaje político todo se puede, en nombre y gloria de la corrupción, que al paso que vamos enarbolará nuevamente sus banderas en las: gobernaciones, alcaldías, asambleas, concejos y ediles, en las elecciones del próximo mes de octubre.

Tenemos que entender que el ciudadano común no tiene otra alternativa cuando de buscar alivio a sus más angustiosas dolencias, que acudir a los hospitales de su pueblo o vereda, por desgracia en la mayoría de las veces se encuentran con un desolador panorama: están cerrados, o no existen ni profesionales, ni recursos para atender su caso.

Cuando se logra el milagro de ser atendidos, viene el eterno viacrucis de las drogas, que por lo general no se encuentran a su disposición y tienen que conformarse con las recetas de siempre: aspirinetas, u otras, que son tan comunes en panza de los pacientes que de tanto consumirlas ya están pipones y su enfermedad continúa avanzando a pasos agigantados, todo por obra y gracia de nuestro Estado de Derecho, que está a punto de negociarse con las FARC, y así completaremos el ciclo de nuestra peor desgracia.

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