El proyecto Colombiano que podría acabar con el hambre mundial

Nuevamente la naturaleza nos entrega las respuestas para combatir problemas tan importantes como el hambre mundial.

El arroz es uno de los alimentos más populares en las cocinas alrededor del mundo. De hecho según la FAO más de la mitad de la población come este cereal diariamente, lo que lo convierte en el alimento más consumido en el mundo. Para abastecer esta gran demanda la Tierra ha destinado casi un 1% de su superficie para el cultivo de arroz –que está presente en todos los continentes menos la Antártida– generando cerca de 650 millones de toneladas de este cereal anualmente.

Lo que muchos no toman en cuenta es que el arroz, de forma similar al trigo, viene cubierto de una cáscara que al año acumula 130 millones de toneladas de desechos. El problema es que en muchas partes se prohibe la quema de este material por la contaminación que significa y los restos terminan en vertederos que con el paso de los años irán liberando gases, que también son nocivos para el medio ambiente. Por suerte los científicos han encontrado formas de combatir este problema que van desde generar electricidad recurrente, fiable ecológica y a partir de las cáscaras, hasta transformar estos desechos en fertilizante orgánico. Es precisamente de este último del que hablaremos hoy.



Un innovador proyecto hispano-colombiano ha conseguido reciclar las cáscaras de arroz al transformarlas en un eficiente fertilizante capaz de duplicar la producción promedio de arroz. Además ha encontrado una forma de extraerle silicio orgánico que puede ser utilizado en la industria de cosmética y farmacología e incluso puede regenerar suelos intensamente erosionados para que sean aptos para el cultivo. ¿Cómo logra esto? Pues nada más ni nada menos que gracias a las lombrices rojas californianas.

La empresa Bioarroz trabaja con estos anélidos que transforman las cáscaras en un humus sólido y líquido y también extraen silicio y calcio orgánicos. Los efectos que esto tiene es que al utilizar este fertilizante orgánico se protege a los cultivos de los químicos, se incrementa la producción por hectárea y se abarata el coste del fertilizante, al mismo tiempo que se ahorra agua en el riego y mejora la calidad del suelo. En definitiva, si se implementara este sistema en todos los países que cultivan arroz, esta mayor producción podría ayudar a combatir el hambre en el mundo y salvar así cientos de vidas.

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