Campesinos y desarrollo agrario no siempre son sinónimos



"Luego de 50.000 años de existencia de los humanos, estamos seguros de que los campesinos no son una especie en extinción. Hace 10.000 años los humanos dejamos de ser cazadores recolectores para convertirnos en agricultores. Sin agricultura no hay civilización ni ahora ni antes, aunque a veces lo olvidemos. De hecho, sólo hasta el año 2010 por primera vez en la historia de la humanidad vivimos más personas en las ciudades que en el campo”.


De esta manera inicia su ensayo Los campesinos, el profesor Wilson Vergara Vergara, de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de La Salle, para recordar la importancia de este grupo humano que generalmente se asocia a un mundo atrasado, lejano y más digno de una postal turística.


Lamentablemente la historia de los campesinos en Colombia ha estado más presente, dados los despojos que el sector ha sufrido desde el siglo XIX y las cruentas luchas que esto ha implicado, desde la justificación para la aparición de la subversión en los años 50 hasta los desplazamientos forzados a causa de la misma subversión y el paramilitarismo.


No por casualidad el profesor Vergara Vergara indica que en Colombia han ocurrido “historias de despojo mucho más salvajes en las tierras del Valle del Cauca”, que las conocidas en otras latitudes y en otras épocas.


A propósito del Día del Campesino, que se celebra tradicionalmente el primer domingo del mes de junio, el ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Aurelio Iragorri Valencia, agradeció a los doce millones de campesinos que existen en el país y señaló: “Estamos esforzándonos para que los campesinos colombianos tengan un nuevo amanecer, desarrollo rural, empleo digno, prosperidad y que sus hijos crean en las oportunidades de un campo en paz”.


Asimismo, el titular de esta cartera da gran importancia al proceso de paz adelantado por el Ejecutivo Nacional “para devolverle las esperanzas al sector campesino que ha sido la principal víctima del conflicto”.


Oficialmente ese despacho destaca entre sus logros la creación de 90.000 empleos en el campo así como el hecho de que las exportaciones de alimentos crecen a buen ritmo y cada vez mejoran más los ingresos al productor.


El ministro Iragorri Valencia señala la ejecución histórica del presupuesto, que en lo que va de 2015 alcanza algo más del 65%, “el cual se está inyectando para apalancar la inversión y el crecimiento de la ruralidad, llegando a todas las regiones sin excepción”.


En cuanto al acceso a crédito se ha reducido el tiempo de respuesta a las solicitudes y la renovación de 40 líneas. De igual forma destacó que durante el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos, la cartera agropecuaria del Banco Agrario de Colombia presentó un incremento del 51%, al pasar de $4,7 billones a través de 538.000 créditos en agosto de 2010, a $7,1 billones representados en 924.000 créditos en mayo de 2015.


Por su parte, el Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario (Finagro) colocó $31,4 billones en créditos en 1’250.000 operaciones. De ese total, más de 506.000 beneficiaron a nuevos usuarios.


A través del Banco Agrario, de 2010 a 2015, se han asignado recursos por valor de $1,2 billones para atender con soluciones de vivienda a 96.379 hogares del sector rural.


La Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica), con el Ministerio de Agricultura, el ICA y el Sena, lanzó recientemente el Plan Semilla que generará semillas para la siembra y renovación de 250.000 hectáreas anuales de cultivos básicos para la canasta familiar, con 17 especies básicas de importancia económica para los productores de Colombia.







Igualmente, según la información oficial, el país ha logrado importantes avances en materia de sanidad agrícola y pecuaria, ha avanzado en la gestión del territorio para usos agropecuarios, entre otros logros.


El sector agropecuario colombiano dentro de la realidad nacional es muy importante, ya que de 48 millones de personas que habitan el país, el 32% es rural. Así lo señala el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Rafael Mejía.


Indica Mejía que la grieta entre lo urbano y lo rural se ha cerrado, pero todavía existe. “En ingresos es grave porque en el sector urbano se gana tres veces lo que se gana en el rural”.


Y aunque el directivo reconoce que el Gobierno Nacional está haciendo todo el esfuerzo para reducir esa brecha en lo que se llama política agraria de Estado, considera que es importante que tanto sector privado como público aprovechen las oportunidades que la propia dinámica de consumo del país está mostrando así como la coyuntura económica mundial, para elevar la productividad del agro colombiano.


“En 2014 el país produjo 31,6 millones de toneladas de alimentos. Exportamos 4,4 millones de toneladas e importamos 10,3 millones ¿Eso qué nos dice?, que con un consumo aparente de 37,3 millones de toneladas, el 18% de lo que comemos diariamente es importado. Entonces, cuando decimos que hay una realidad como es que el petróleo cayó a la mitad, los fertilizantes provenientes del petróleo como la urea bajaron el precio sólo un 5% y que tenemos una devaluación de la moneda cercana a más del 35%, estamos ante oportunidades que deben ser aprovechadas tanto para incrementar el consumo interno como las exportaciones”, explica Mejía.


Y concluye: “Si queremos tener un país en que ya hidrocarburos y minería no sean los más importantes, hay que hacer más de lo que se está haciendo. Es momento de oportunidades pero hay que buscarlas”.


Para el director de Planetapaz, Carlos Salgado, economista y máster en Medio Ambiente y Desarrollo, la situación del campesinado en el país es bastante negativa.


Considera que a pesar de las cifras que se pueden mostrar como positivas desde la lógica del Gobierno central, el impacto es mínimo: “Los programas gubernamentales han atendido a un porcentaje marginal de la población rural que no sobrepasa el 5%”.


Para el académico, hay otro aspecto que son los muchos conflictos que se están desarrollando en el campo, los conflictos que se están dando con el desarrollo minero-energético.


“Hay una presión muy fuerte en este Gobierno de que haya un uso de la tierra para proyectos empresariales. Si uno mira el Plan Nacional de Desarrollo encuentra que la tierra se va a usar fundamentalmente para el desarrollo en la gran estrategia de infraestructura que tiene el 23%, mientras que para el eje transversal de transformación del campo sólo se asigna el 7%”.


Sobre la exportación como respuesta para la agricultura, explica que mientras se habla de especializar a Colombia en cinco productos que demanda el mercado mundial, “se nos está desmoronando el mundo rural, con múltiples conflictos, con 6,5 millones de personas desplazadas, con un despojo de tierras que se estima en diez millones de hectáreas para la minería y el petróleo”.


En opinión del especialista, la forma de poder sobre la tierra y las complicidades que se establecen entre los grandes gremios impiden que haya un uso de la tierra más eficiente y racional en este país. “La ganadería tiene 42 millones de hectáreas cuando en términos de calidad de ecosistemas debería usar sólo quince millones. Todos los estudios, del Banco Mundial o de la Universidad Javeriana, muestran que la pequeña producción es tan o más eficiente que la mediana y grande”.
Igor Torrico Silva

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