Noche amarga para el Medellín

De rodillas y aún sin que el árbitro Juan Carlos Gamarra decretara el final del partido, algunos jugadores del Cali levantaron sus brazos para festejar el título de la Liga Águila-1. El empate 1-1 el Atanasio, ayer, los convertía en ganadores de la serie por 2-1, luego del triunfo 1-0 en su estadio, a mediados de la semana.

Muy cerca de los jóvenes vestidos de verde y blanco, varios integrantes del Medellín lloraban la derrota en el césped, hasta donde llegó el capitán Diego Herner para levantarlos. Como había sucedido en diciembre de 2014, esa vez en El Campín y ante Santa Fe, el Poderoso no alcanzó a encender su sexta estrella.

Los jóvenes orientados por Fernando Pecoso Castro, luego de batallar en la cancha, sacaron a flote su picante afro y bailaron en la tarima, mientras los rojos se fueron al vestuario a rumiar el traspié, luego de una deslucida presentación. No hubo vuelta olímpica para los azucareros, pero sí mucha celebración.

Esperanza hasta el final

Después de superar los malos momentos del primer tiempo y otro resto del segundo, en los que jugó sus peores pasajes de la temporada, el Medellín parecía recuperar la luz. Las 44.078 gargantas que alentaron desde temprano y que se callaron tras el gol de Andrés Felipe Roa, a los 39 minutos, volvieron entonar los cánticos para alentar al Poderoso que había sido castigado por las malas entregas y un juego pobre en el que el único que salió bien librado fue Juan David Pérez.

Quedaba tiempo para jugar con el alma, para dejar todo el sudor en la cancha e intentar igualar la serie que ya estaba 2-0, luego de lo sucedido en Cali.


Y muy temprano llegó la oportunidad en el penalti que le cometió el arquero Hernández a Brayan Angulo, de pobre inicio, pero Vladimir Marín fallo en el cobro. El balón pego en el horizontal, y el Atanasio soportó otro garrotazo.

El tiempo pasaba irremediable, con un Cali agazapado a la espera del contragolpe para volver a hacer daño y un DIM opaco, sin brújula ni sorpresa. La ofensiva que había sido fortaleza de los escarlatas en el temporada, lucía apagada. Y se añoró a Christian Marrugo y Juan Fernando Caicedo.

Con el gol de Charles Monsalvo, a los 68 minutos, un tanque de oxígeno cayó sobre el estadio. “Sí se puede, sí se puede”, cantaba la tribuna aún con la esperanza del título. Era el 1-1 de la ilusión.

Leonel Álvarez se quitó el saco y desde la raya guiaba a sus pupilos. Herner se multiplicaba y la gente, de pie, comía uñas. Con los brazos arriba, la afición alcanzó a cantar: “Vamos, vamos Poderoso, que esta noche tenemos que ganar”. Pero ese eco, como el deseo de encender la sexta estrella en sus vitrinas se esfumó para el Medellín.


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