Fajardo, el caudillista

Autor: Rubén Darío Barrientos

El 27 de diciembre último, Alonso Salazar rompió el marasmo político de fin de año (es una época de fiestas y paseos) y dijo que se iba a lanzar a las elecciones de octubre. No dijo para dónde quería ir. Empezó a hacerle el quite a las preguntas que buscaban hallar la verdad de sus apetitos. Unos días después, se filtró que sus intenciones posiblemente se encaminaban a suceder a Fajardo en la Gobernación. Un trino de Salazar, que palabras más palabras menos, escribió: “Sería bueno para Medellín una alcaldesa” confirmó los rumores de que aspiraría al primer cargo del departamento, mientras esa alusión femenina se traducía en flores para Claudia Restrepo, la candidata de sus entretelas a la alcaldía de Medellín.

Vinieron dos hechos singulares, sin importar el orden en que acaecieron: a) el guiño de Fajardo para los federicos (Gutiérrez, para Alcaldía y Restrepo para

Gobernación) y b) el nombramiento de Claudia Restrepo para la gerencia del Metro de Medellín. Entonces, de carambola, Alonso Salazar prendió motores para decir que iba por la Alcaldía de esta ciudad. Dos razones le asistían: la primera, era la “piedra” que le había producido el apoyo de Fajardo a los federicos y la segunda, que Claudia Restrepo le dejaba libre el camino para la aspiración. Algunos rumores indicaban que el fajardismo citó a algunas reuniones políticas a Salazar, pero él rehusó asistir. Estaba enemistado, es la verdad.

Era, pues, absolutamente real la disputa interna del fajardismo y la ocurrencia de que Salazar le quería hacer daño a su padrino político. A Alonso le revolvió la bilis la coyuntura de que Fajardo hubiera hecho el guiño por Federico Gutiérrez, con quien trenzó inocultables lizas hace rato. Era toda una manzana de la discordia. Baste recordar que cuando el hijo de Pensilvania (Caldas) fue alcalde, Federico Gutiérrez fue presidente del Concejo de Medellín y mantuvo cerrada oposición contra Alonso. Además, Salazar se acerca más a la izquierda y Gutiérrez tiene más cercanía con la derecha. Y sumémosle otra perla: Federico Gutiérrez fue candidato uribista a la alcaldía de Medellín en el 2011.

Fajardo sentía que con Federico Gutiérrez y Federico Restrepo, iba a perder la hegemonía del poder en este terruño. Gutiérrez no levantaba en las incipientes encuestas y Restrepo, ni fú ni fá. Entre otras cosas, en las últimas encuestas Salazar sigue disparado con un 26% de intención de voto, mientras Federico Gutiérrez se situó en apenas un 9,3%. A su vez, Federico Restrepo –a quien Fajardo le ha ayudado en lo que ha podido- no ha conseguido llegar a dos dígitos y ligeramente alcanzó un poco más del 9%. Es evidente que si Fajardo se la juega con los federicos tendrá doble derrota en Medellín y Antioquia.

Pero como Fajardo es más político que todos juntos y tiene una indomable condición caudillista, la semana pasada le hizo el guiño a Alonso Salazar. Y ahí sí dejó con preinfarto a Federico Gutiérrez, quien ya tenía la cuota inicial de otra derrota política. Con ese apoyo a Salazar, Fajardo buscará ganar la Alcaldía, porque tiene claro que en la gobernación la derrota está escriturada. La verdad es que Federico Restrepo fue un gran directivo gubernamental, pero no lo conocen en las bases votantes. Salazar, declinó su rabieta contra Fajardo y se ve contento. Es posible que se presente una alianza uribista entre Juan Carlos Vélez (que apenas alcanza el 10%) y Federico Gutiérrez (a quien dejaron tirado a la vera del camino), buscando sumar votos.

Fajardo, el caudillista, inclina la balanza por donde es y olvida distanciamientos anteriores. Salazar, el enojado, sufre amnesia y vuelve a la diestra del padrino político. Esa es la politiquería, con Fajardo o sin Fajardo y con Salazar o sin Salazar.

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