Vigilancia epidemiológica en hidroeléctrica Ituango


Por: Diana Isabel Rivera Hincapié - Vicerrectoría de Extensión
UDEA

Desde que el proyecto hidroeléctrico Ituango comenzó hace más de dos años, la Universidad de Antioquia y EPM han estado vigilantes para evitar que las miles de personas que trabajan o habitan cerca de él, contraigan alguna enfermedad. En esa labor se han ganado la confianza y aceptación de las comunidades.



Se dice que cuando un foráneo llegaba a esa región montañosa, húmeda y tropical, los pobladores le advertían que debía ir a presentarse ante el río, para que este lo conociera y se familiarizara con su presencia. Para que protegiera su vida y no se la llevara bajo las aguas. Es el río Cauca. Será la principal fuente de energía para el país, y en torno a él muchas personas comenzaron a llegar.

Allí, en ese lugar, se está construyendo el proyecto hidroeléctrico Ituango. Del cual se espera que genere el 17 por ciento de la energía eléctrica de Colombia para diciembre del 2018. Está localizado entre el norte y el occidente de Antioquia, cubriendo los municipios de Valdivia, Yarumal, Briceño, San Andrés de Cuerquia, Toledo, Olaya, Peque, Buriticá, Santa Fe de Antioquia, Sabanalarga, Ituango y Liborina.

Vigías de la salud
“La construcción de embalses e hidroeléctricas siempre ha sido polémica, con ellos se puede originar un fenómeno de migración poblacional. Muchas de las comunidades locales deben ser trasladadas y es posible que lleguen masivamente personas de otras partes que la zona no está adaptada para recibir. Esto puede derivar en problemas porque se requiere de servicios de saneamiento básico, pueden surgir enfermedades vectoriales, intoxicaciones por mal manejo de alimentos, desnutrición, alcoholismo, prostitución y enfermedades de transmisión sexual”, explica Walter Zuluaga, biólogo entomólogo de la Universidad de Antioquia.

Para vigilar y controlar la presencia de enfermedades, tanto en los trabajadores de la hidroeléctrica como en los habitantes de la zona, hace dos años y medio que la Dirección Ambiental, Social y Sostenibilidad Ituango, de EPM, y la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia implementan el Sistema de Vigilancia Epidemiológica (SVE) en ocho municipios, 38 veredas y dos corregimientos de la zona de influencia del proyecto.

Un cuarto de siglo de relaciones: la Universidad de Antioquia y EPM han trabajado juntas en la vigilancia epidemiológica durante 25 años en diferentes proyectos hidroeléctricos como Ponce II, III y IV.

El proyecto, en sus campamentos y zonas de trabajo, puede albergar entre seis y siete mil trabajadores. Dado que estas personas viven allí, el SVE se enfoca en revisar todos los factores que puedan afectar su salud e inspeccionar las condiciones de seguridad industrial, la presencia de plagas, el manejo de alimentos, las aguas y residuos sólidos en los restaurantes, frentes de obras, talleres y trituradoras. El Sistema hace recomendaciones que son de obligatorio cumplimiento.

“Tres de nuestros restaurantes ya cuentan con un sello favorable por la Dirección de Salud. En ello hemos hecho un trabajo en grupo los consorcios, EPM, la Universidad. Cada vez encontramos campamentos con mejores condiciones. Es un logro muy importante porque estamos en un medio agreste y no es tan fácil cumplir con la normatividad en una zona como estas. Pero ese es nuestro objetivo, reducir los riesgos para la salud de nuestros trabajadores”, afirma Marcela López, funcionaria de EPM e interventora del Sistema de Vigilancia Epidemiológica.

El segundo frente de trabajo del SVE se dirige hacia las alcaldías, las direcciones locales de salud y las ESE hospitales. Capacitan al personal de estas entidades, recopilan información sobre enfermedades y brotes epidemiológicos, analizan las estadísticas y definen acciones para evitar enfermedades.

Finalmente, se integran a las comunidades y en un trabajo conjunto con ellas que incluye componentes educativos y de participación social, se fortalecen las redes y se generan las capacidades para que ellas mismas se conviertan en vigías, tomen las precauciones y se encarguen de avisar a las autoridades cuando haya alguna situación que pueda poner en riesgo la salud pública en la zona.

El diálogo con las comunidades: la salud de la gente

Cada tres meses los profesionales del SVE se desplazan a la zona y allí pueden permanecer durante más de 20 días. Se distribuyen entre los que irán a obras o a municipios, los que harán el monitoreo entomológico y los que visitarán a las comunidades, estos dos últimos habitual- mente trabajan juntos.

El SVE se desarrolla en Briceño, Buriticá, Ituango, Peque, Sabanalarga, San Andrés de Cuerquia, Toledo y Valdivia. Para ello se cuenta con un equipo de 17 profesionales entre epidemiólogos, biólogos entomólogos, salubristas, comunicadores, gerentes en sistemas de información y agentes comunitarios.

Ser recibidos y aceptados por las comunidades, mu- chas de las cuales han vivido marginadas, en medio del conflicto armado, y cuyo ambiente está cambiando es una labor muy satisfactoria. No solo por ganarse su confianza y contar con su presencia en las actividades y campañas de promoción y prevención que realizan, sino porque han tenido que sortear numerosas dificultades de otra índole para llegar a ellas.

“Es una zona roja, en conflicto, donde hay presencia histórica de grupos armados ilegales y que ejercen control territorial. Además hay grandes distancias entre vereda y vereda, topografías muy difíciles y que implican mucho riesgo, caminos de herradura, que son estrechos, que van a dar al Río Cauca, que son resbalosos. El clima es difícil, es muy húmedo y caluroso. Hay otras veredas con minas antipersonas”, cuenta la socióloga Gretchel Agudelo, profesional social del SVE.

Los equipos que hacen trabajo con las comunidades están integrados por un profesional del área social, un biólogo entomólogo y un promotor comunitario, quien es fundamental porque es alguien de la zona y sirve de enlace con los habitantes. Se reúnen con madres de familia, profesores, estudiantes, campesinos y líderes.

“Dormimos en sus casas, viajamos junto a ellos hasta por doce horas a lomo de mula, compramos los refrigerios que ellos mismos preparan y que son su sustento económico. Hemos aprendido mucho de esas personas que nos han abierto sus puertas, nos han dado la confianza para trabajar con ellos y han sido receptivos con nosotros”, relata Gretchel.

Durante el día realizan talleres en salud sobre algunas problemáticas que han identificado en la zona como enfermedades diarreicas agudas por falta de agua potable, enfermedades respiratorias agudas en menores de cinco años, enfermedades de transmisión sexual o causadas por vectores. También brindan educación sexual, ante la detección de un alto número de embarazos adolescentes y madres solteras.

“Nos gusta el trabajo con la Universidad de Antioquia, son muy divertidos, sencillos y muy profesionales. Nos tratan desde la igualdad y aprendemos mucho de ellos. A controlar las basuras, a manejar los alimentos, a prevenir enfermedades transmitidas por mosquitos y otras causas”, dice Carolina Gómez, una joven del Valle de Toledo, una de las localidades más cercanas a la obra.

“El sistema de vigilancia es un plus de los proyectos de EPM, no hay en otros grandes proyectos de infraestructura algo tan integral como lo que tenemos con la Universidad de Antioquia. Monitoreamos comunidades, el municipio y las obras. En un solo proyecto abarcamos algo muy complejo, además fortalecemos la institución y la comunidad”, dice Marcela López, funcionaria de EPM e interventora del SVE.

Emplean recursos y herramientas que ellos mismos han construido como juegos de pesca, rompecabezas temáticos, escaleras y sopas de letras. En las noches hacen el monitoreo entomológico, con integrantes de las comunidades. Junto al biólogo van a la caza de los zancudos y mosquitos que pueden transmitir enfermedades como dengue, leshmaniasis o chikungunya. Enseñan a identificarlos y a controlarlos.

Según Hugo Herrera, profesional social de la Dirección Ambiental, Social y Sostenibilidad Ituango, son numerosos los logros del sistema de vigilancia epidemiológica, como la realización de promoción de la salud y prevención de la enfermedad en la región y la articulación de las Empresas Sociales del Estado (ESE) de los municipios, y en suma el despliegue de un sistema que propicie acciones para que la comunidad esté y se sienta protegida en temas de salud.

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