¿Por qué son aceptadas las desigualdades sociales?

Ni siquiera el reconocimiento de que la riqueza no ocurre exclusivamente sobre la base del esfuerzo y el talento, cambia la actitud de mucha gente acerca de las carencias de la estructura social en la que habita. Ellos perciben dicha estructura como justa y natural.



Si bien reconocemos que hay una gran desigualdad de ingresos en nuestras sociedades, muchas personas se muestran renuentes a redistribuirlos más equitativamente. Incluso en las clases medias se puede observar ampliamente este fenómeno. ¿Cuál es la explicación científica para que esto ocurra?

Dicha pregunta fue abordada en una interesante investigación publicada en le revista "Journal of Personality and Social Psychology".
Este estudio sugiere que desde una muy temprana edad, tendemos a explicar los comportamientos de los grupos en base a las características que sus integrantes tienen, más que en términos de las circunstancias sociales que actúan sobre ellos.
Este enfoque, de anteponer las características inherentes en lugar de fuerzas extrínsecas, lleva a las personas a aceptar que estos grupos merecen estar en la posición social en la que se encuentran.


El estudio

La investigación tuvo dos partes, en la primera se trabajó con niños de 4 a 8 años y en la segunda con adultos. En ambos casos se les dio una descripción de una supuesta sociedad, en la que había personas que tenían mucho dinero y otras que tenían muy poco. Luego se les dio dos explicaciones para ilustrar tal diferencia.
La primera explicación se centró en características inherentes, por ejemplo, las personas con dinero eran más inteligentes. La segunda explicación se basó en factores extrínsecos, por ejemplo, los individuos con mucho dinero habían ganado la lotería.
Los participantes, tanto niños como adultos, debían calificar que tan verosímiles eran para ellos estas explicaciones. También debían evaluar si pensaban que la situación era justa.

En ambos casos, niños y adultos, otorgaron calificaciones más altas a las explicaciones basadas en características intrínsecas, que a las basadas en factores externos. Además, a aquellos que opinaron que la situación era justa, se les solicitó una explicación de por qué lo era, en este caso, las personas tendieron a dar explicaciones referentes a factores inherentes, que a causas externas.

Curiosamente, estas diferencias funcionaron para los grupos, pero no a nivel individual. Es decir, cuando se les hablaba de individuos que tenían diferencias en algunas características (por ejemplo, en los ingresos), en este caso, existieron las mismas probabilidades de dar explicaciones sobre la base de factores inherentes o extrínsecos. Por tanto, este efecto parece funcionar sólo para presunciones grupales.

En definitiva, cuando observamos desigualdades entre distintos conjuntos de personas, asumimos que estas diferencias tienden a ser el resultado de las características propias de los grupos, en lugar de apuntar a factores circunstanciales o coyunturales. Como resultado, tendemos a pensar que esas diferencias son justas. Esta es una de las razones por la cual mucha gente a menudo no apoya ciertas políticas públicas que podrían ayudar a acortar tales diferencias.


Referencia: http://psycnet.apa.org/journals/psp/109/5/739/ 

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