Que tu hijo se enferme en la guardería puede ser beneficioso para su salud

En un estudio publicado el mes pasado en la revista especializada Pediatrics, un grupo de investigadores en Holanda siguió a un gran grupo de niños durante los primeros seis años de su vida y observaron la frecuencia con la que los doctores los diagnosticaron con gastroenteritis aguda, esos bichos estomacales tan conocidos para los padres: 1344 del total de 2220 niños estudiados asistieron a la guardería durante su primer año de vida. Estar en la guardería aumentó el riesgo de los bebés de padecer gastroenteritis aguda en el primer año de vida, pero también tuvo un efecto protector posterior.

El efecto protector duró por lo menos hasta que los niños cumplieron seis años, el tiempo que llevó el estudio: los niños que estaban en la guardería al cumplir un año tuvieron más gastroenteritis al comienzo, pero los niños que no fueron a la guardería se enfermaron más veces mientras crecían. A la edad de seis años, los niños en los dos grupos presentaban un promedio similar de episodios.

“Pensamos que si te enfermas cuando eres muy joven creas más inmunidad contra estos virus o bacterias”, dijo Marieke de Hoog, epidemióloga del Centro Médico de la Universidad de Utrecht y autora principal del estudio. “Incluso hay posibilidad de que el efecto protector que hemos observado continúe cuando son adultos. Necesitamos hacer más investigación”.

Se sabe que asistir a la guardería es un factor para contraer infecciones de vías respiratorias, mucho más frecuentes que la gastroenteritis: un niño normal puede presentar hasta ocho infecciones respiratorias al año, a diferencia de un episodio de gastroenteritis, dijo el Dr. Timothy Shope, profesor adjunto de pediatría en el Hospital Infantil de Pittsburgh y coeditor del libro de la Academia Estadounidense de Pediatría Manejo de enfermedades infecciosas en guarderías y escuelas: guía de referencia rápida, cuya cuarta edición saldrá el mes próximo. Además, ir a la guardería pone al niño ante un riesgo mayor de contraer infecciones de oído que se desarrollan después de las infecciones de vías respiratorias.

De hecho, el estudio sobre gastroenteritis de Holanda se derivó de un estudio más largo enfocado en infecciones de vías respiratorias en niños. La Dra. De Hoog y sus colegas publicaron un artículo en 2014 en el que demostraron un patrón similar en infecciones de vías respiratorias superiores e infecciones de oído: los niños que asistieron a la guardería durante su primer año de vida tuvieron más infecciones al principio y menos con el paso del tiempo. Para el grupo que asistió pronto a la guardería, esto significó más visitas al doctor y más antibióticos.

Algunas infecciones pueden ser más graves o más peligrosas en bebés, y esa podría ser la razón por la que los niños que se enferman cuando son más pequeños reciben más atención médica. Además puede haber momentos en esos primeros días de guardería en que los padres se pueden sentir abrumados por el desfile de mocos y movimientos intestinales líquidos, aunque los niños no estén gravemente enfermos.

Hay una relación más compleja entre la asistencia a guarderías y el riesgo de desarrollar asma y eccema pero existen muchos otros factores importantes, como la historia familiar, la exposición a antibióticos y el riesgo de infección de un virus en particular llamado virus sincitial respiratorio (VRS), que está ligado al desarrollo de asma. Aun así, dijo el Dr. Shope, la asistencia a la guardería puede proteger de las llamadas enfermedades “atópicas”, que están relacionadas con reacciones hipersensibles en las que el sistema inmune del cuerpo reacciona demasiado; además se ha sugerido que también está conectada con la “hipótesis de la higiene”, que dice que la exposición temprana puede ser benéfica para el sistema inmune.

Hay tres líneas de prevención básicas para disminuir la frecuencia de contagio en niños en la guardería y la más efectiva es la inmunización. Vacunamos en contra de muchos de los organismos más comunes que causan gastroenteritis (ay, cómo desearía que hubiera existido una vacuna contra el rotavirus cuando nacieron mis hijos; esa diarrea duró semanas) y también contra algunos de los organismos que pueden causar complicaciones con infecciones de vías respiratorias. Sin embargo, necesitamos mejorar las campañas para que todos los niños pequeños reciban la vacuna contra la influenza, que desgraciadamente se tiene que aplicar cada año, pues el virus es especialmente peligroso en niños.

El control de contagio también es importante en la guardería, en especial con los cambios de pañal y el lavado de manos. Sin embargo, es poco lo que podemos hacer respecto a las cosas que los niños se llevan a la boca o cuando tosen. Los estudios muestran algunos beneficios gracias a las medidas para el control de infecciones, pero “no tantos como quisiéramos”, declara el Dr. Shope.

Además, existe la decisión, siempre difícil, sobre quién necesita quedarse en casa. Aunque hay algunas recomendaciones específicas en cuanto a la diarrea y el cambio de pañal, por ejemplo, también es verdad que, con muchas enfermedades virales, los niños pueden contagiar antes de presentar síntomas y después de que cesan, mientras que otros niños están infectados y son contagiosos, pero nunca desarrollan síntomas; así que el valor protector de excluir a los niños con síntomas es limitado.

Recibo con frecuencia a padres a quienes les dijeron que sus hijos debían quedarse en casa y no asistir a la guardería, y todavía me identifico con ellos, al igual que el Dr. Shope: “Cuando veo al típico padre que debe faltar al trabajo con un niño menor de un año de edad en guardería y se pregunta si algo malo pasa con su hijo”, me contó, “les digo que es normal, que están invirtiendo para el futuro: su hijo será menos propenso a enfermarse en el jardín de niños que otros niños que no fueron a la guardería”. 
 
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