Más de dos siglos de Patria boba - Independencia

Autor: Omaira Martínez Cardona - elmundo.com
20 de Julio de 2016

Es probable que se necesite mucho más que otros 206 años, un florero, nuevas reformas constitucionales, muchos gritos y muertos más, para entender y evidenciar que en la nación en la que sobrevivimos hoy, no hay ninguna independencia que celebrar. De nación soñada Colombia se ha convertido en un intento fallido de patria que ya a casi nadie importa y de la que muchos se han decepcionado sin más opciones que resistir o huir.

De períodos de resistencia, de patria boba, de conflicto, de crisis, de sutiles y escasos brotes de orgullo y amor patrio, la nación parece estar hoy en un estado de indefinición del que pocos se percatan, esperanzados en la ilusión de un futuro más próspero y en armonía. A las nuevas generaciones se les sigue promoviendo un falso patriotismo y una imagen de independencia limitada y difusa cada vez está más esclavizada a las ataduras de la corrupción, la injusticia y la impunidad.

La independencia es un concepto complejo que va más allá de romper ataduras de cualquier tipo con otros, es un nivel de vida que pocas personas, culturas y naciones alcanzan. La verdadera independencia de una sociedad se evidencia en la capacidad de sus ciudadanos para afrontar sin titubeos ni manipulaciones sus dificultades, para defender y hacer respetar sin temor las leyes y los derechos propios y ajenos, con convicción y congruencia más que por la conveniencia del momento y el beneficio de unos pocos.

Una persona, cultura o nación libre e independiente es la que es capaz de hacerse cargo de su propio destino cualquiera que sea, asumiendo sin escudarse las consecuencias de sus actos, aceptando que la independencia no es autosuficiencia porque irremediablemente siempre se depende de otros, nadie ni nada puede existir por sí solo ni para sí mismo aunque parezca contradictorio.

La real liberación se produce cuando se adquieren y desarrollan las capacidades mentales y estructurales para enfrentar las situaciones cotidianas.

La de la independencia es una batalla interior en la que se combate todos los días y en la que por muy planeadas que se tengan las tácticas, los resultados son inciertos y hay que estar preparados para asumirlos. En el ámbito jurídico político de una nación, la lucha por la independencia debería darse diariamente con armas y ataduras indestructibles como las del buen gobierno, la honestidad y la justicia.

La fortaleza de un pueblo, la supervivencia de una cultura o de una ideología, se fundamentan en gran medida no en su capacidad de resistir con resignación los ataques sino en su habilidad para afrontar las circunstancias sin dejarse amedrentar, engañar o derrotar.

El mismo libertador fue quien pronosticó que un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción y que obviamente hace más ruido un solo hombre gritando que cien callados. Hoy siglos después, la primera batalla por la independencia es la que cada ciudadano debe combatir primero a nivel mental, rompiendo las ataduras de la ignorancia que no le permiten ver y actuar más allá de sus propios intereses. Se podrá gritar, proclamar y celebrar la independencia cuando se hayan limpiado los rastros de tanta inequidad y se levante el velo de una “patria boba” a la que no le conviene que sus ciudadanos estén informados, educados y ejerciten su pensamiento crítico sino todo lo contrario, que sean mártires sumisos, pasivos y callados que después nadie recuerde ni para cantar ¡oh!, gloria inmarcesible, ¡oh!, júbilo inmortal!...