Economía ecológica

Por David Pulido Cantero
Universidad Eafit
Facultad de Admon. 9° semestre
dpulido1@eafit.edu.co

Leer un encabezado proclamando al año 2015 como el más caluroso datado en toda la historia humana, hasta hoy en día, no es una retórica repetitiva. Tal vez sea repetitiva la manera en cómo la preocupación aumenta, pero el consumo sigue a pasos agigantados. Grave error.

Un sistema capitalista donde el consumo masivo es la base económica y de aceptación social, la naturaleza es la que lleva la carga de este cáncer llamado “humanos”. ¿Es lógico consumir del mercado sin la necesidad de tener? Ciertamente los ecologistas y grupos proambiente acatan esta lógica (se supondría), sin embargo la economía va de manera inversa.

La preocupación enunciada al principio debe proyectarse hacia la disminución del consumo a través del cambio conceptual de necesidad. La necesidad como producto o servicio que en realidad sea poca o inexistente en el mercado, mas no en “sobrecargarlo” de los mismos para la consecución de las famosas estrategias de ventas y mercadeo.

Una economía ecológica recae finalmente en las organizaciones pertenecientes a una sociedad, en donde esta, la organización, sea creadora y promovedora de conciencia de consumo necesario y sin derroche, mas no la patrocinadora del consumo masivo que abarque mayores números en sus estados de resultados.

Los llamados Millenials o siguientes a estos, llamados La Generación Z, son quienes tienen el deber de iniciar el cambio disruptivo económico bajo parámetros de conciencia ambiental para rozar famosas frases como: “Cuida el planeta, tus hijos lo agradecerán”, o “Humanos somos muchos, planeta tierra solo hay uno”, entre otras que conducen al cliché de cuidado ambiental mediante el desarrollo sostenible, pero déjenme aportar una idea con respecto a lo leído previamente y el desarrollo sostenible: puede existir una incongruencia entre la idea de desarrollar sosteniblemente nuestras sociedades y compañías bajo la misma primicia del consumo masivo. Es uno o es el otro. No se puede beber agua con el tazón roto.

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