Churchill versus Chamberlain: La Defensa Nacional versus El Apaciguamiento

http://diariodelhuila.com

Por el Pájaro de Perogrullo

Hace ya 70 años terminó la segunda guerra mundial en Europa. Uno de los temas más interesantes de estudiar de ella es la diferencia de liderazgo entre Churchill y Chamberlain para determinar si con otro liderazgo, antes del 39, la suerte de Europa y el mundo hubiere sido distinta. Chamberlain fue el Primer Ministro Inglés del 37 al 40. El juicio histórico lo culpa por su mano blanda y su falta de liderazgo. Volvió a Inglaterra después de una conferencia con Hitler en Múnich con un “pedazo de papel”, firmado por Hitler y él, que supuestamente garantizaba la paz. La firma de tan buscado papel fue la culminación de su política de apaciguamiento, la cual consistía en darle a los Nazis todo lo que querían.

El resultado fue la entrega de Austria y los Sudetes y la rendición de Checoslovaquia y sus 38 divisiones, sin oposición, hasta que finalmente la Alemania Nazi, fortalecida, invadió Polonia y la guerra estalló. Se equivocó de buena fe, dicen los historiadores. Confió en quien no se podía.

Chamberlain era ante todo un “buen caballero inglés”, de traje de terno y paraguas, vano e ingenuo, jocoso, desconocedor de la realidad Europea y de los personajes a quienes se enfrentaba, o lo que es peor, desatendía de forma consiente lo que ya se sabia de ellos, que eran fanáticos, matones y antidemocráticos. Nunca entendió, o no quiso entender, o entendió y lo ignoró, que una política de apaciguamiento lo que invita es a la agresión y a la guerra, que era precisamente lo que se estaba tratando de prevenir. Su liderazgo blando y dubitativo dio pie para que los Nazis pidieran más y nunca se satisficieran.

Por otro lado, Churchill fue firme y nunca dudó. A la Alemania Nazi había que hacerle frente, era su consigna. No escatimó esfuerzos para denunciar las violaciones del Tratado de Versalles y las tímidas políticas de rearme. El apaciguamiento de Chamberlain lo ofuscaba. Tenía claro que el régimen Nazi era de fanáticos y matones anti-democráticos, capaces de lo peor. Sólo, en contra de la opinión pública y su propio partido, exigía que se cumpliera el Tratado de Versalles y que se iniciara un plan de rearme agresivo. No pensaba que ese apaciguamiento fuera una política de paz en el mejor interés nacional. Y cuando Chamberlain trajo el “pedazo de papel” firmado de Múnich y lo ondeo ante los medios, atinó diciendo que se había ofrecido la humillación o la guerra y que se había escogido la humillación y se tendría la guerra. Y tocó nombrarlo como Primer Ministro en el 40. Y con tesón y voluntad de hierro, sin desfallecer, logró que el pueblo Inglés y el mundo creyera en él y en el camino que proponía para la victoria. No le apostó al apaciguamiento, a la falsa paz. A tener esperanzas ingenuas, dadas las circunstancias, pensando y apostando al ideal y lo supuestamente mejor y preparándose para lo peor, a lo Chamberlain, sino que fue realista, pensando y esperando lo obvio y lo peor y luchando por lo mejor. Que diferencia de hombres y talantes.

Churchill y su liderazgo en el 37 hubieran podido hacerle frente a la bestia Nazi, evitando la guerra o al menos reduciendo su escala.

Las comparaciones son más que obvias.