Fusilar anticolombianos


Rubén Darío Barrientos - .com
22 de Septiembre de 2016

El día 18 de abril de 2013, el senador Armando Benedetti pidió fusilar a los colombianos que estuvieran en contra del proceso de paz. Lo hizo en el programa Voz Populi de Blu Radio de ese día. A su vez, el expresidente Ernesto Samper (el domingo último), dijo que “ni Uribe ni Pastrana deben asistir a la firma de la paz, por anticolombianos”. Por eso, con ambas expresiones (“fusilar” y “anticolombianos”) es que sale el titular de esta columna. Está clarísimo que Benedetti quiere fusilar y Samper disfruta ponerles el rótulo de anticolombianos a los dos expresidentes.

¿Adónde hemos llegado en materias del plebiscito y del sí y del no? ¡Cómo un país puede radicalizarse de esta manera tan absurda! Se vive un panorama extremo e insondable, donde prevalece lo emocional sobre lo racional. Las tales 297 farragosas páginas del acuerdo final, se las habrán leído 3.000 personas a lo sumo, porque es claro que la gente se debate entre la hojeada de resúmenes (también muy pocos se han aventurado a examinarlos) y simplemente el acatamiento a los políticos de sus amores (aquí está el grueso de los colombianos que saldrán a votar, los que a pie juntillas marcarán la equis como sus paladines les indiquen que lo hagan).

Pero el pugnaz Benedetti vuelve y ataca inmisericordemente el 30 de agosto de 2016, cuando escribió el siguiente trino: “Al que no le guste la pregunta del plebiscito es delirante, esquizofrénico, peligroso y desea la guerra”. Y un día después, el presidente Juan Manuel Santos dijo que podía hacer la pregunta del plebiscito como le diera la gana. Estos son pésimos ejemplos para la democracia de un país y muestran el sectarismo por el voto del sí, toda vez que el que se atreva a pensar en el no, es fustigado de todas las maneras habidas y por haber.

De contera, monseñor Darío Monsalve –arzobispo de Cali– dijo irresponsablemente que las personas honestas votarán por el sí en el plebiscito. Eso fue el 15 de agosto del año en curso y, de inmediato, la conferencia episcopal tuvo que desautorizar al arzobispo y dijo que de ninguna manera se podía inducir a los fieles por el sí o por el no. Doce días antes, el expresidente César Gaviria, asaz belicoso por estas calendas, dijo que “quien vote por el no en el plebiscito, vota por la guerra”. El sí, proviene del oficialismo (Unidad Nacional) y de la mayoría de facciones políticas, incluyendo el Polo Democrático y los Verdes.

Se ha vivido una sarta de insultos, abucheos, mentiras, verdades a medias, agresividades, en fin, toda clase de tropelías especialmente desde la orilla de los adeptos del sí frente a los disciplinados del no. Y, se le suma a ello, una guerra sucia y cochina por redes sociales, suplantando las voluntades de Mariana Pajón, Pirry y Juanes, a quienes les han imputado un voto público por el no, valiéndose de fotomontajes. Entretanto, el 11 de septiembre del año que avanza, fue rechiflado Óscar Iván Zuluaga, durante un acto de campaña por el no, en el Centro Comercial Unicentro de Bogotá.

Como puede apreciarse, he volcado el énfasis en los iracundos y sañudos ataques a los seguidores del no, porque allí se ha centralizado la rudeza de la polarización. Buscando meter miedo, el expresidente César Gaviria no fue capaz de contener la lengua y espetó la siguiente frase en un reportaje: “Si gana una negativa en el plebiscito, las Farc volverán a las armas” (4 de agosto de 2016). Suena como a chantaje, como a amenaza, como a un forzamiento del voto bajo el pánico colectivo.

Particularmente, no veo la hora de que sea 3 de octubre de los corrientes, para entender que la mermelada, el entreguismo y la estratégica pregunta cumplieron su objetivo de hacer ganar ampliamente al sí frente al no. Mejor aún, que el tal plebiscito o el “plebisantos” ya es historia…

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