La encrucijada de las Farc


Hernando Gómez Buendía  - Domingo, Oct 30 2016                               
El plebiscito fue una estupidez de Santos, pero peor fue la estupidez de Timochenko cuando aceptó correr un riesgo letal e innecesario.

Por eso, aunque la gente piensa con razón que perdió Santos, el perdedor principal fue Timochenko. Y esta derrota volvió a cambiar la relación de fuerzas que se había reflejado en el Acuerdo Final entre las partes.

Me explico. Gracias a la escalada militar de Uribe, el proceso de La Habana comenzó con ventaja del Gobierno, pero Santos se fue debilitando a medida que se iba acercando el final de su mandato. Por eso vimos tres etapas definidas:

1. La de reformas sociales. Se negocia lentamente dentro de la Constitución (por eso De la Calle) y en presencia de la ANDI (Villegas). Las reformas, por tanto, son modestas.
2. La de justicia penal. Atollado el proceso en este punto, Santos envía a su hermano a decirle a Timochenko que se saldrían de la Constitución; es decir, que no habría cárcel y que redactarían juntos un código penal para evitar las cortes internacionales.
3. La “recta final”. A partir de este punto, el proceso fluyó con rapidez, pero con nuevas concesiones: las del blindaje jurídico (conversión del Acuerdo en tratado internacional y en parte de la Constitución, “vía exprés” para poder implementarlo), y las del “referendo” que las Farc, finalmente, aceptaron a cambio de curules y subsidios.
Lo que de modo tan inesperado hizo el plebiscito fue invertir la presión del reloj: ahora el tiempo corre en contra de las Farc.

-Me refiero al tiempo militar: cada día es más difícil mantener un ejército inactivo, confinado a ciertas zonas alejadas, “protegido” por el enemigo y vacilante entre la guerra y la paz.
-Me refiero al tiempo político-militar: cada día sin violencia es más difícil mantener la vigencia de las Farc, porque en Colombia las guerrillas sólo existen si disparan y secuestran.
-Me refiero, sobre todo, al tiempo político: ahora el acuerdo no es con Santos, sino con él y varios otros jefes y corrientes políticas. Es un acuerdo con la cúpula y no apenas con el actual presidente. Y esto alarga los tiempos.
El plebiscito acabó por amarrar a Timochenko y Santos en un solo reloj angustioso. Por eso, ambos necesitan y ambos tratan ahora de firmar un acuerdo a las carreras, pero la decisión ya no es de ellos solamente.
De aquí surge la confusión inverosímil del momento: ¿será que el presidente representa a Uribe ante las Farc?, ¿o será que representa a las Farc ante Uribe?
Ni en sus sueños más locos, los fundadores y jefes de las Farc habrían imaginado tener al presidente como su abogado y a casi medio país defendiendo el acuerdo que lograron. Y nunca antes había sido tan extremo para ellos el dilema entre esta entrada excepcional a la política o devolverse a su guerra perdedora.
*Director de la revista digital Razón Pública.
El Espectador, Bogotá, 28 de octubre de 2016