Culminó el desminado en Orejón, pero aún hay riesgo

Después de 20 meses de trabajo conjunto entre el Gobierno y las Farc en la vereda Orejón, de Briceño (Antioquia), donde adelantaban el proyecto piloto “Gesto de paz” para desminar el territorio y beneficiar a una comunidad que vivía en medio del miedo, y crear confianza entre las partes en conflicto, la misión concluyó ayer.
Sin embargo, las cintas amarillas de peligro en algunos territorios, y los pasos restringidos por la posible presencia de minas y otros artefactos, aún desvelan a los habitantes de esa región del Norte, para quienes algunas zonas aún no están libres de estos explosivos.
“Ellos señalaron lo que se acordaban, pero de muchas cosas ni ellos ni uno se acuerda, así que siempre quedamos con el temor”, expresó Aníbal Areiza, un avicultor de 57 años que toda la vida ha vivido en Orejón, y ha tenido que ver cómo la violencia se tomó su territorio y lo llenó de minas.
Un proceso con dudas
En 2015, mientras se adelantaba la operación de desminado, el soldado Wilson de Jesús Martínez murió: un artefacto explosivo irreconocible para la máquina barreminas le estalló en la cara.
Esa fue la primera crisis de desconfianza en este proceso. Los militares argumentaban que las Farc ocultaban información. Superada la situación, en diciembre de ese año la Dirección de Acción Integral Contra Minas entregó un polígono en el que en abril de este año murió una vaca por otra mina. Estos hechos hacen que algunos miembros de la comunidad no estén tranquilos, y consideren que el territorio no está libre de minas.
Pastor Alape, miembro del secretariado de las Farc y delegado de esa guerrilla para este gesto de paz, dijo que eso es cierto: “esta es una zona demarcada por riesgo. Se ha hecho el proceso de educación para evitar accidentes. Esa zona se dejó sin desminar porque no estaba en el polígono inicial, sino que en el proceso apareció, y el esfuerzo demanda bastantes recursos. Toda la información de la que disponíamos se entregó, por supuesto que en este conflicto hay muchos que murieron y esas son realidades de la confrontación armada”.
Al respecto, Bernardo Peláez, uno de los fundadores de la vereda y dueño de parte del terreno que quedó demarcado, expresó que esas cintas amarillas le recuerdan el respeto que se debe tener por los territorios en donde se desarrollaron las hostilidades.
“Uno tiene que ser respetuoso de la guerra y considerar que este territorio es menos trajinado, tiene mucha naturaleza y puede sufrir con el desminado y es muy costoso intervenirlo, y que además no reviste un alto peligro para la mayor parte de la gente y al estar señalizado simplemente lo invita a uno a tener respeto”, indicó el labriego.
Con respecto al polígono que quedó demarcado, el coronel Omar Leal, comandante del Batallón de Desminado #60 del Ejército, aseveró que no hay minas por fuera de esa área, y solo el tiempo dirá si los temores eran infundados. “Este proceso que se entrega aquí en Orejón contó con el apoyo y la colaboración del Gobierno, las Farc y la comunidad, y entre los tres llegamos a la conclusión acerca de que esas eran las zonas a intervenir”.
Mario Quiñones, oficial de enlace comunitario de la Ayuda Popular Noruega, ONG garante de este gesto de paz, les dijo a los habitantes de Orejón: “The Economist, una revista internacional muy importante escogió ayer a Colombia como país del año, yo estoy seguro de que si escogiéramos la vereda del año sería Orejón. Ustedes no se imaginan lo que han aportado a la paz de este país, más que el desminado, aquí se creó la confianza entre las partes”.
En total despejaron 19.849 metros cuadrados y desactivaron 46 artefactos explosivos en 11 áreas peligrosas, de ellas 10 fueron intervenidas y en la otra realizaron marcación y señalización permanente. Específicamente en el Alto del Oso unas cintas señalan por dónde no pueden caminar los transeúntes, y eso es lo que hoy preocupa a los habitantes de Orejón.