Engañados

Por Gustavo Alvarez Gardeazábal (foto)

En los últimos años el país se ha ido acostumbrando a las mentirillas. Para ello ha contado con el apoyo de varios elementos del talante nacional, que traicionaron sus convicciones y su manera de ser y nos fueron llevando, lenta pero inexorablemente, a ser un país engañado.
En primer lugar el régimen de las mentirillas que terminamos por aceptar fue promovido por el actual gobernante. Ha dicho tantas mentiras y ha montado tan falsas promesas, que nadie terminó por creerle. De nada le ha valido haber logrado la paz, el Nobel y hasta la sumisión de casi todos los nacionales.
En segundo lugar, el régimen de las mentirillas ha sido aupado gracias a la complicidad de los medios que claudicaron miserablemente ante la mermelada, que a manos llenas ha repartido el estado, o se dejaron presionar delicadamente por los anunciadores, que cada mes van siendo más pocos pero más fuertes.
En tercer lugar, el régimen de mentirillas se impuso porque los colombianos no tenemos capacidad de protestar. Nos dejamos embaucar con la otra mentirilla, la de que las redes sociales acogen nuestros reclamos y sirven para desvirtuar la verdad oficial y como no tenemos líderes de ninguna clase, terminamos aceptando los embustes que nos meten con la misma rutina conque cambiamos de calzoncillos.
El periodismo investigativo se asustó por la brevedad de los textos, se dejó amilanar por la falta de lectores y pegado del copy page cayó tragado por la comodidad, perdiendo su capacidad de hurgador de la verdad o de censor de los atrabiliarios. Y lo que puede ser peor, cuando algunos actuamos como faros tratando de alumbrar el camino, nos preguntan quién nos paga la electricidad de la lámpara.