Revocatoria a la revocatoria por politiquera y vengativa

El empleo politiquero y los intereses particulares tienen en crisis a este mecanismo de participación ciudadana, que el CNE quiere reglamentar para que opere, pero no tiene competencia legal para ello.

La manipulación política, las venganzas, revanchismos o problemas personales, el no gusto por el alcalde o el gobernador, llevarlo a cabo sin el apoyo de las comunidades o de las mayorías electorales, son en resumen las causas que han llevado en 21 años al fracaso de la revocatoria del mandato como mecanismo de participación ciudadana en Colombia.

En la práctica, se puede afirmar que estas razones de tan poco peso están llevando a la revocatoria de la revocatoria del mandato y como lo expresó recientemente un medio de prensa nacional, la está haciendo inviable, como nuevamente quedó demostrado al no prosperar las votaciones para remover de sus cargos a los alcaldes de El Copey, César, y Ocaña, Norte de Santander.

Dos ejemplos también muy concretos del inadecuado, politiquero e individualista empleo de este mecanismo, que lo tiene sumido en una verdadera crisis, son los procesos que se adelantan en Antioquia, concretamente contra los alcaldes de Girardota e Ituango.
 

En ellos no hay altruistas y cívicos motivos para promover las revocatorias, sino claramente intenciones politiqueras. La de Girardota está jalonada por un líder de un candidato perdedor, que ni siquiera tiene su apoyo. Y en Ituango, el trasfondo para tumbar al alcalde es porque después de 20 años un liberal derrotó a los dueños conservadores de ese municipio que no aceptan ese traspiés electoral.
Todo el anterior introito lo sintetiza muy bien el docente universitario de Eafit y analista de la vida jurídica-política de este país, David Suárez Tamayo, cuando expresa que son muchas las razones para el fracaso de las revocatorias del mandato, pero comienza con una que explica el pésimo manejo que se la ha dado a este procedimiento y es la falta de formación ciudadana.

Según este docente, los ciudadanos en Colombia no tienen la suficiente formación y el conocimiento sobre esos mecanismos de participación.

A esto se le agrega la crónica apatía colombiana para todo tipo de elecciones, con un alto nivel de abstencionismo que a veces ronda el 60, el 65 y hasta el 75 por ciento.

Estos dos factores se complican aún más porque, recalcó el profesor Suárez Tamayo, la gente generalmente relaciona estos temas con políticos, politiquería y con corrupción, “entonces les da pereza y sienten desazón de intervenir en esos mecanismos”.

Otra razón que expresa este perito es que las personas no se sienten bien representadas y no tienen credibilidad en esos mecanismos, en los organismos electorales, en las instituciones y esa falta de credibilidad hace que los colombianos no participen, lo cual lleva a que ocurran casos como el reciente de Ocaña, donde hubo una significativa votación por el sí a la revocatoria del alcalde, pero no fructificó por no alcanzar el umbral de participación que se exigía.

De otro lado, David Suárez también esgrime como causales para el fracaso de las revocatorias los porcentajes de participación con un alto número de personas y de ellos, los que se necesitan para avalar una revocatoria con el sí.

Hay que recordar que desde que se establecieron por ley los mecanismos de participación ciudadana tras la Constitución del 91, a la revocatoria se le han introducido dos reformas para suavizarla y hacerla posible, pero aún así sigue sin darse la primera, como ya dijimos, tras 21 años de aparecer esta figura en la arquitectura normativa nacional.

Precisamente, las de este año están estrenando nuevas reglas de juego y más suaves, pero los ejemplos de El Copey y de Ocaña son muy elocuentes en que el problema está tanto en la cantidad como en la calidad y por eso las razones iniciales que señala el académico apuntan correctamente a explicar el revés de este mecanismo, lo que se dificulta aún más por el hecho que los alcaldes manejan el presupuesto, la contratación y la burocracia y de esa forma tiene la capacidad de manejar al elector, sobre todo en municipios no capitales, que en su gran mayoría son donde se han llevado a cabo las hasta hoy 58 votaciones en esos 21 años.

El CNE
Esto ha llevado y con mucha razón a que el Consejo Nacional Electoral, CNE, esté planteando una reforma a las exigencias para solicitar una revocatoria del mandato y acabar de pleno con las motivaciones politiqueras y personalistas que han prevalecido en la mayoría de las que han fracasado.

Este mecanismo está diseñado para defender el voto programático y en consecuencia se debe solicitar el retiro de un alcalde o gobernador cuando exista insatisfacción general de la ciudadanía frente a la labor del mandato o se incumpla el programa de gobierno.

Precisamente esos postulados son los ausentes en las anteriores convocatorias y es correcto que el
CNE plantee que al momento de solicitar las revocatorias, sus promotores deben demostrar con una exposición de motivos que no se cumplen esas causales.

Pero el problema por ahora es que esta autoridad electoral no es la competente para introducir cambios en las reglas de juego. De este debate depende la revocatoria de Bogotá.

Al respecto, el profesor Suárez T. es muy claro al decir que “el CNE no tiene la competencia de regular y de reglamentar los mecanismos de participación ciudadana. Esa facultad es sólo del

Congreso y no es a través de una ley ordinaria, sino que es del resorte de una ley estatutaria porque así lo dispone el artículo 152 de la Constitución”.

El consejero electoral Armando Novoa García comparte plenamente el argumento de David Suárez al expresar que “el CNE no tiene facultad para reglamentar por vía general el ejercicio de esos derechos, ni menos de hacerlo en forma retroactiva”.

Advirtió que el CNE ya adoptó la decisión de reglamentar la revocatoria del mandato, lo que afectará la columna vertebral de la Constitución y el desarrollo de los acuerdos de paz que promueven una mayor participación ciudadana.

Y dijo que es urgente que una reforma política modifique el origen partidista de los miembros del CNE.

La verdadera participación

El profesor David Suárez va más al fondo de la discusión sobre la viabilidad de los mecanismos de participación ciudadana en Colombia y plantea que una cosa son los mecanismos electorales y otros los de verdadera participación ciudadana.

En su opinión los electorales son el voto, el plebiscito, el referendo, la revocatoria, las consultas, etc.
Pero para él, la verdadera participación ciudadana debería darse con las juntas de acción comunal, las juntas administradoras locales, el presupuesto participativo, las veedurías ciudadanas, con los vocales en comités de desarrollo y control social en empresas de servicios públicos domiciliarios, también ejerciendo el derecho de petición y con los cabildos abiertos.

 Y claro con el derecho al reclamo, la protesta y el pataleo, pero de una manera civilizada y pacífica.

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