Asistimos al gobierno más pusilánime de la historia

No se extrañe, por esto todos pagamos - elmundo.com
Autor: Sergio Roldán Gutiérrez

La noticia novedosa es que nadie distinto a todos nosotros pagará por las costas, trabajamos duro para poder subsidiar cualquier abuso de poder, proceso de paz, o paro de maestros o lo que sea.

Empecemos recordando que la República Colombiana (o lo que queda de ella) tiene hasta ahora 32 departamentos y 1120 municipios, incluyo ahí el distrito capital y los distritos especiales, que la organización territorial ha definido hace muchos años, y cambiarla de un momento a otro no es más que una provocación innecesaria, ya que finalmente todo volverá a quedar como estaba por la fuerza de la costumbre. El litigio limítrofe entre Antioquia y Chocó en el que nos ha enfrascado un instrumento cartográfico, será desgastante y ojalá la decisión final aporte al bienestar de los habitantes de los territorios en disputa. Pero este hecho no es una noticia nueva, es más, ya estamos cansados de escuchar las diferentes versiones de los hechos de un lado y del otro.

La noticia novedosa es que nadie distinto a todos nosotros pagará por las costas, trabajamos duro para poder subsidiar cualquier abuso de poder, proceso de paz, o paro de maestros o lo que sea que pase en el país y que mina sin duda la poca inercia de desarrollo que aun nos queda.

Esta situación a la que asistimos es como el partido de fútbol que está a punto de acabarse y se va ganando por la mínima diferencia. Sólo, un delantero del equipo contrario corre a empatar el partido y el defensa le pega una patada. Cae el delantero. Roja al defensa. Tiro libre. Se cobra, pasa por encima de la portería, se acaba el partido y todos se abrazan. Transcurre este último minuto en una mera expectativa, en un “que tal si…”.

Algo así es como me imagino yo a este gobierno nacional, con un nivel de juego malísimo, que con dificultad le alcanzó para un gol, que lo defienden con brutalidades, inventando procesos abreviados en el senado para aprobar sus leyes, cambiando las reglas todos los días. Ahora resulta que también reparten territorios para disolver manifestaciones y obviamente, la población en el medio de una riña absurda que al final todos pagamos. No paga el Chocó, no paga Antioquia, paga todo el que está en este país. El apático en Bogotá que se ríe de lo qué pasa, ese también paga, el desprevenido en los llanos orientales, el festivo en Barranquilla, el comerciante en Pereira, todos, absolutamente todos ponemos para que este gobierno juegue al experto en póker.

Irrespetuosos, deshonestos, usureros, mal intencionados, rastreros, absolutamente doble moral, inconscientes, ilegales y mil palabras más que se esconden entre estas que ya son menores para lo que hacen con casi 50 millones de Colombianos, quienes pagamos cada pendejada que a estos se les ocurre. Es inexplicable como cada promesa viene seguida de un incumplimiento, lo que nos lleva a paros interminables que detienen el desarrollo y el crecimiento del país entero.

Ahora también resulta qué hay que pedir garantías para que se cumpla la ley, porque es evidente que no pasa nada al que la incumple. Recuerdo un documental que hizo Caracol TV sobre el “proceso 8.000” en el que explicaban el desgaste de todo el aparato político mientras Colombia se sumía en la peor de sus épocas, al final el presidente Samper, sale ileso de todo y en su testimonio de cierre del documental dice: "ahí le debo está a todos los colombianos". Me imagino al presidente Santos en un par de años diciendo algo así, y viajando por todo el mundo dando cátedra de honorabilidad y de rectitud pues indudablemente ya tiene la medalla de lograr la firma (no la realización) del acuerdo que pretende el desmonte de las FARC.

Mi inconformidad parte de que nuestro actual presidente representa con dificultad al 12% de los colombianos según la última encuesta. Asistimos al gobierno más pusilánime de la historia, justamente en el momento en el que más potencia y fuerza se requiere, pues estamos ante tiempos que no permiten errores por la trascendencia que tiene cada decisión que se tome. Solo espero que la vida entera se encargue de pedir las cuentas, pues aparentemente es la única justicia que funciona en este país en el que ya ni siquiera queda espacio para una orden de captura.

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