¿Por qué las equivocaciones son siempre a favor de las Farc?

Cuando creíamos que ya nada de lo relacionado con el proceso de paz podía asombrarnos, el decreto sobre entrega y destinación de los dineros de las Farc alarmó al país entero, Con una sola excepción: las propias Farc. Sonrieron. El golpe fue directo al corazón del tema de la paz y su proceso y, también, sirvió para dejar algunos puntos en claro.

Veámoslos:

Primero. Hay fiscal. Néstor Humberto Martínez reaccionó pronto. Llamó la atención sobre los peligros de abrir un camino que, independientemente de las buenas intenciones, puede ser utilizado con las peores consecuencias. Habló claro y directo de “lavado de activos”. Cumplió con su deber.

Segundo. Se confirmó que los acuerdos de La Habana están llenos de cláusulas que permiten toda clase de interpretaciones. Su desarrollo es una fuente de problemas que comienzan con frases ambiguas del texto original y empeoran con los artículos de leyes y decretos reglamentarios.

Tercero. Las concesiones del Gobierno fueron lo suficientemente amplias para inquietar, en su momento, a la opinión pública. Hoy todavía no se sabe hasta dónde se alargarán.

Cuarto. El descuido para elaborar las normas que “implementan” el acuerdo agudiza la crisis de confianza. Se derrumba la seriedad del que legisla, sea Gobierno o Congreso. Una sensata regla de interpretación enseña que para aplicar las leyes se presume que el legislador que las dicta es sabio. La serie de equivocaciones como la de este decreto, obligan a los colombianos a presumir que a su legislador, tanto al ordinario como al extraordinario, la sabiduría se le quedó en Cuba.

Quinto. La ligereza produce leyes y decretos mal hechos. El fast track es demasiado fast y no permite pensar antes de legislar.

Sexto. Insistir en el error después de advertirlo es peor que cometerlo. Pero algunos más gobiernistas que el gobierno salen a defender lo indefensable, agravan la desconfianza, arriesgan su credibilidad personal y aumentan el asombro y la confusión.

Séptimo. La gente entiende que se cometan errores. Es humano equivocarse y hasta persistir en la equivocación, pero ¿por qué las equivocaciones son siempre a favor de las Farc?

Octavo. Sergio Jaramillo, comisionado de Paz, máxima autoridad del proceso después del presidente de la República, reconoció, que el decreto era una equivocación. Lo calificó de “chambonada”. Claro, conciso, oportuno y valiente.

Noveno. El país escuchó al comisionado y, con toda lógica, concluyó como el fiscal que “cuando se cometen chambonadas, se corrigen”.

Décimo. Los juristas comienzan a despabilarse y también tienen su pregunta: ¿Hay tiempo para corregir? Y arranca otra discusión, porque el legislador quedó maniatado en medio del tejido de promesas y concesiones protocolizadas en La Habana.

Undécimo. Si hay dudas sobre la oportunidad y la forma de corregir una equivocación tan grande, es hora de analizar en qué clase de enredo jurídico quedaron metidos el Ejecutivo, el Congreso y la Justicia por cuenta de lo acordado en La Habana.

Duodécimo. Esta bomba estalló ¿cuántas siguen sembradas en los acuerdos?

Y el gran interrogante: ¿es una chambonada o se dijo lo que se quería decir?

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