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El voto en Blanco repunta en las encuestas presidenciales




Si Voto en Blanco fuera un candidato, sería el tercero en el podio de la encuesta presidencial. Sin campaña, sin publicidad y giras nacionales ha escalado en las encuestas hasta ubicarse por encima de Sergio Fajardo, Humberto De la Calle, Juan Carlos Pinzón o Rodrigo Londoño.

El ascenso ha sido inminente: en septiembre de 2017, en una encuesta de INVAMER S.A.S. Voto en Blanco aspiraba apenas al 2.1% de los votos de la futura elección presidencial. Pero hay que tener en cuenta que para esa fecha los rostros presidenciables eran cerca de 50, aún no se habían fraguado las alianzas que hay actualmente.

Apenas dos meses después, una encuesta publicada el 7 de diciembre de 2017 por la revista Semana, indicaba que Voto en Blanco se había doblado, y entró al 2018 con el 4,1% de intención de voto. No superaba a ningún candidato pero alcanzaba hasta un 7.5% en escenarios donde aparecían Petro, Vargas Lleras, De la Calle, Ramírez o Robledo.

En el 2018 Voto en Blanco se disparó. Al terminar enero alcanzó el 8.1% y se posicionaba en el quinto lugar, por encima de Marta Lucía y Clara López, según la encuesta de INVAMER SAS hecha por Caracol y Semana. De igual forma, en la última medición, revelada el sábado por El Tiempo y La W, Voto en Blanco convenció a esos votantes que Fajardo y Vargas Lleras luchan por ganar, de 8.1% pasó al 13.2%. Aún no hace alianza con el No sabe No responde que ahora suma el 10,5%.

Sin embargo, para Alejo Vargas, profesor de Ciencia Política de la Universidad Nacional, el voto en blanco no representa un peligro para los otros candidatos. “En Colombia, con muy pocas excepciones, como unas elecciones locales en Valledupar donde casi logra la mayoría, el voto en blanco no es tan alto ni relevante”, afirmó el académico a Kienyke.com. El profesor también considera que no hay que creer en las encuestas porque “la gente es indecisa” y entrega solo opiniones a las encuestadoras, “el día de la elección es que se sabe”, asegura.

La Corte Constitucional estableció que el voto en blanco es “una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos”, en su sentencia C-490 de 2011. Asimismo, en un acto legislativo de 2009 se estableció que en caso de ganar una elección obligaría a que se repita, solo por una vez, con unos nuevos candidatos.

Pero lograr tal cometido en una contienda nacional es casi una utopía. “Seguramente es más fácil entre dos o tres candidatos a una alcaldía que pueda surgir un grupo de ciudadanos que promueva el voto en blanco, pero en una elección nacional es necesario todo un aparato que requiere una importante organización”, considera el profesor Vargas.

A diferencia de las elecciones presidenciales de 2014, en las que el voto en blanco disminuía a medida que se acercaban los comicios, en esta campaña ha aumentado. Hace cuatro años el candidato Blanco alcanzó la cifra del 41,5% a cuatro meses de las elecciones, pasó a 16% faltando tres meses para las elecciones, pero obtuvo el 4,3% en la elección final. Pasó del primer puesto en intención de voto a perderlos todos.

Esta vez ha sido más discreto su crecimiento, podría ocupar un importante lugar en los resultados del 27 de mayo o podría, como en 2014 perder a sus indecisos seguidores que a última hora podrían decidirse por otro candidato. Esa es realmente la explicación que dan los académicos sobre este voto porque sucede que a la hora de las encuestas las personas pueden no haber determinado un candidato y prefieren marcar Voto en Blanco y más adelante decidir su voto.

Luego de las consultas podrían definirse nuevos panoramas para los electores indecisos. Sin embargo, este voto representa un derecho para los ciudadanos y contrario a los mitos, Voto en Blanco no se vende, desde la Constitución de 1991 se cuenta como un candidato independiente y no se le suma a ningún otro.

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