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Haciendo trizas los acuerdos

Gobierno y Farc, con incumplimientos recíprocos, están haciendo trizas los acuerdos de paz.

 Por: JUAN LOZANO

Pues sí. Quienes están haciendo trizas los acuerdos de paz son el Gobierno y las Farc con sus recíprocos incumplimientos. Quienes se han encargado de desprestigiar los acuerdos, de volver invisibles sus logros, de sembrar cizaña y desconfianza, de evidenciar todos y cada uno de los errores y excesos de los equipos negociadores son, precisamente, los mismos que los firmaron.

Mientras el Gobierno habla de la necesidad de defender los acuerdos de paz con las Farc, su probada ineficacia genera incumplimientos cotidianos. No son suficientes los esfuerzos de Rafael Pardo y Joshua Mitrotti, quienes hacen lo humanamente posible por honrar la palabra empeñada si sus compañeros de administración no cumplen con lo suyo.
El informe de la ONU, que ha debido revelarse apenas quedó listo, antes y no después de elecciones parlamentarias habiendo quedado un maluco sabor de jugarreta de cálculos políticos por parte de esa Misión en Colombia, constituye, sin embargo, una dramática radiografía de compromisos quebrantados de lado y lado, promesas incumplidas y negligencias manifiestas.

En efecto, no son los uribistas los que están haciendo trizas los acuerdos. Es el mismo Gobierno. Y lo hace desde varios frentes. Tres ejemplos. 1) Su incompetencia y desdén en la guarda de la vida de los líderes sociales. 2) Su falta de liderazgo en el Congreso de la República: sin ‘mermelada’ no hay votos, y la precariedad de los argumentos oficiales pone a tambalear todas las reformas y leyes pendientes. 3) Su burocratismo palabrero, que llenó de funcionarios indolentes y de campeones de la retórica el frondoso organigrama de la paz.

Y son mayúsculos los incumplimientos de las Farc en ese terreno escabroso donde se tipifican los crímenes de lesa humanidad asociados con el reclutamiento ilegal de menores. Mayúsculos. Lo dice la ONU con todas sus letras. Y la Fiscalía ha venido metódica y sistemáticamente entregándole al país evidencias y listados de bienes y propiedades y dineros no declarados.

Aunque es innegable la importancia de la desmovilización de cerca de 7.000 combatientes y la entrega de sus armas, la vacilante estrategia cívico-militar y de política social para ocupar los territorios que estaban dejando las Farc se convirtió en caldo de cultivo para el fortalecimiento del Eln y la llegada de nuevos actores armados, narcotraficantes, terroristas y criminales en pos de todas las rentas ilícitas.

Por eso, no es de extrañarse que tanta gente esté pidiendo que los congresistas de las Farc no asuman sus curules por haber incumplido con sus compromisos. O que se las den a las Farc si cumplen con sus compromisos, pero no en cabeza de quienes hayan cometido esos crímenes de lesa humanidad. Y tampoco es de extrañarse que voces calificadas de la izquierda democrática estén señalando el estremecedor paralelo entre el exterminio sistemático de la UP y los asesinatos reiterados de líderes sociales.

En ese contexto, a punto de iniciarse la JEP dando tumbos, resulta inquietante el juicioso reporte de Insight Crime divulgado hace pocos días, en el cual, además de caracterizar con diligencia toda la problemática asociada con la explosión de cultivos ilícitos y narcotráfico, revela que habría unas “Farc ocultas” que podrían estar listas a retomar las acciones armadas en caso de incumplimientos de los acuerdos por el Estado en materia grave o de asesinato de sus líderes. Y no son las disidencias. Ojo. Son grupos en los que pueden caber desde militantes históricos hasta milicianos que no se desmovilizaron, que no están actuando, pero podrían retomar el camino guerrillero si se presentan las situaciones aludidas.

Aunque no hay una sola señal hacia esas Farc ocultas por parte de la cúpula desmovilizada –cuyo camino político parece irreversible–, la amenaza está latente. Está viva.

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